La Chicotá de Nandel, Opinión

Vivirá Rafael López González

Fue allá por los años que comenzaban el milenio, dos mil tres, cuatro, cinco, hasta tuve unas palabras para él en mi Pregón de Juventud de 2006. Don Rafael López González, con sus fallos y aciertos como todo mandatario, no fue lo bastante considerado a mi parecer, en aquella labor que realizó en la Hermandad de la Borriquita, esa que ahora gusta llamar de “La Entrada Triunfal”.

Lo dije en su momento, en aquel Pregón, y no recuerdo ya las palabras, ni me voy a poner a buscarlas, puesto que sería todo más mecánico y me gusta escribir con el ahora, con el corazón dictando y la mente escribiendo, aunque muchas veces dicte y escriba el primero.

Rafael era un hombre campechano, bueno, servicial, la típica persona a la que te haces rápidamente, que no pone trabas, no da problemas, con su carácter lógicamente, pero una persona con la que gustaba compartir sobre temas de la vida o la Semana Santa, sobre todo, de su Hermandad.

Una Hermandad abocada totalmente a la desaparición inmediata. Deudas, ingresos insuficientes, es lo que se encontró este señor con mayúsculas a su llegada. Pero al contrario que esas personas que dicen que son hermanos de una Hermandad, o amigos tuyos, Rafael decidió presentarse y mantener la fe, mantener a su Hermandad en una lista de hermandades sin la cual, para mí, se pudiera concebir una Semana de Pasión.

A la Hermandad de la Borriquita, o Entrada Triunfal, como prefieran, creo que es que no se le ha dado nunca su sitio, sencillamente. La gente a veces la ha visto como un preludio, como una Hermandad de vísperas, en la que te acicalas y te pones guapo porque es Domingo de Ramos de mañana, ves a muchos amigos, gente que hacía mucho que no veías, y vas a tu casa rápido a comer, o comes en la calle en los magníficos lugares que Córdoba tiene para ello, y vamos, que ya está aquí la Semana Santa porque ya son las cuatro de la tarde del Domingo de Ramos.

Yo quería hoy tener un avance, una introducción a lo que nos viene, hablarles de mi alegría porque Rafa, el pequeño de la saga de los moreno, precisamente, de la Hermandad del Dios Moreno de Santiago, pues ha sido elegido Hermano Mayor.

Me hubiera gustado también decirles, que me da mucha alegría el ver a mi amigo Francisco Castaño como capataz del Señor Nazareno, aun cuando pienso y sigo pensando y seguiré pensando, que esta Hermandad, como ha considerado que no va a hacer en la vida un paso procesional y procesionable para este Nazareno, pues que tendrían que ver cómo se las apañan ellos por su cuenta.

Pero claro, cada trece de enero vuelvo a recordar que aunque muchos digan que se ha ido, mi amigo Pepe Ávila cumple su aniversario. El aniversario del día en que se hizo eterno y más vivo que nunca, y eso, es lo que ha pasado y va a pasar con Rafael.

Muchos pensarán, como he visto a algunos amigos, que la tristeza es la tónica para este comienzo de preparativos de Cuaresma, para la Cuaresma misma, y van muy desencaminados.

Rafael, se ha erigido por la gracia de Dios Padre, el cuál lo ha llamado para tenerlo cerquita, como el primero de la lista seguramente de cofrades que antes o después nos abandonen en este 2019.

Es así, ley de vida, todos lo sabemos y a todos nos tocará, pero de algunos, como pueden ustedes saber y saben, poco nos acordamos, que por algo será, y de otros, nunca nos podremos olvidar.

Rafael, seguirá siendo el nazareno más feliz el Domingo de Ramos, y ya, para toda la vida. Su Hermandad se asienta, su Hermandad se va desempolvando de tiempos de caminos áridos, entre pobreza y abandono, y brilla cada año más por el buen trabajo de los cofrades que tiran del carro cada día, con mucho esfuerzo, eso sí, pero día a día y cada día con más fuerza y más tesón. Las cosas del cariño y la fe, ustedes ya saben.

Desconozco si algún día podremos decir que este u tal estreno de la Hermandad de la Entrada Triunfal es el mejor de la Semana Santa de ese año. Puede ser que vengan dentro de años hasta de ciudades hermanas a ver la majestuosidad de esta Cofradía, con amor todo se consigue, pero si tengo bien dos cosas y muy claras.

La primera es que no tengo idea de cómo estaría a día de hoy esta hermandad, si una persona buena como Rafael se lo hubiera jugado el todo por el todo, buscando ayuda hasta debajo de las piedras, y con más ilusión de que se podía tirar para adelante, que el realismo agorero de los que lo rodeaban.

Rafael levantó las cabezas de los cabizbajos, el ánimo a los que prácticamente se habían rendido y solamente rezaban a Dios por una ayuda que era casi imposible que llegara. Inundó a todos de remedios y pasión por su Hermandad, su casa, su sitio, y no dejó que nadie huyera del barco y todos achicaran agua, y acicalaran las estancias para quedarse, para trabajar por el día de mañana.

La segunda es fácil, los que se sienten dolidos, los que han vuelto a bajar la cabeza, echen la vista atrás, recuerden, aquel “viejo” como muchos lo conocían, solamente podrá vivir sonriendo si todos lo recordamos, no lo lloramos, pues Rafael no se ha ido, Rafael vivirá, y seguramente algún día alguien con verdadero calado, que no yo en estas letras, ponga en su lugar a el que fue uno de los mejores Hermanos Mayores en la historia de la Hermandad de la Borriquita, y a parte, buena persona, eso que algunos, no saben ni donde se compra ni cómo se consigue.