En anteriores ocasiones, Gente de Paz se enorgullecía de poder traer al presente las fotografías actuales con las que el antiguo Señor Resucitado quedaba nuevamente inmortalizado y se desenterraba del olvido al que el paso de los años acaba por someter.
Aquella hermosa imagen, de dimensiones considerablemente más reducidas que las de otras tallas más recientes, fue realizada en el siglo XVII, asociándose su hechura a los cánones granadinos presentando, asimismo, los suficientes indicios como para atribuirlo con más o menos certeza al prestigioso círculo del renombrado José de Mora. El querido titular que, como pudimos comprobar gracias a la amabilidad de la Hermandad del Resucitado, aún conserva con gran cariño la cofradía piconera, vino a reemplazar al primitivo titular, de estatura todavía más inferior y que pasó a ocupar el lugar anteriormente destinado al de la escuela granadina, allá en el retablo de la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz del popular barrio de San Basilio.
Desde entonces, muchos años transcurrieron con el antiguo Señor Resucitado al frente de la célebre hermandad de Santa Marina y, concretamente, fueron 37 años los contados desde que la dulce Virgen de la Alegría de Cerrillo se incorporase a la hermandad hasta que lo hiciese, en 1988, la majestuosa efigie del Resucitado tallada por Juan Manuel Miñarro como consecuencia de la donación realizada por quien fuera Camarera Mayor Honoraria de la Virgen, Matilde Fernández Cantero. Con este feliz suceso, la cofradía veía, al fin, satisfechos sus deseos de contar con una imagen de Cristo más realista que se ajustase al tamaño natural.
Precisamente la llegada del actual titular es la que la Hermandad del Resucitado recuerda en el día de hoy con inmenso cariño, pues en la fecha del 15 de mayo se cumplen 29 años siendo el rostro en el que el pueblo de Córdoba ve reflejado cada año el triunfo de Cristo sobre la muerte.
Así, la ciudad califal recibía con los brazos abiertos al Señor en la noche del 14 de mayo de 1988 para ser posteriormente bendecido en una solemne ceremonia oficiada por el vicario de la Diócesis de Córdoba, Valeriano Orden Palomino, celebrada el domingo 15 de mayo del mismo año y con el acompañamiento musical del Centro Filarmónico Eduardo Lucena.
Con motivo de este aniversario, cabe recordar los orígenes de la magnífica talla de Nuestro Señor Resucitado, el cual fue tallado, como ya adelantábamos, por Juan Manuel Miñarro López de conformidad con las pautas establecidas por el extendido estilo barroco. Fue realizada en madera de tilo policromada y alcanza la respetable altura de 1,87 metros. El triunfante titular es representado tras haber abandonado el sepulcro, sosteniendo la cruz de plata que ha dejado de representar el martirio para convertirse en símbolo inequívoco de la resurrección de Nuestro Señor.
Como parte de la riqueza patrimonial que rodea al Resucitado, cabe destacar las bellas potencias ejecutadas en plata cincelada, donadas por el devoto barrio de Santa Marina y realizadas por José Jiménez bajo el diseño de Julio Ferreira.
Pocos años después de su incorporación a la antigua hermandad piconera, concretamente en el año 1992, la talla del Resucitado hubo de ser restaurada por su propio autor para ver reforzada la base de la misma así como para reparar algunas de sus juntas y policromar algunas marcas y una grieta, aparecida en la espalda debido a que en su momento la madera no estuvo completamente seca. Además, también fue necesaria la reconstrucción de los dedos anular y meñique de la mano izquierda y la suma de tres fundas metálicas en la cabeza que permitieran la colocación de las potencias.
Puesto que Nuestro Señor Resucitado fue concebido para ser el corazón y protagonista de un paso de misterio, el objetivo comenzaba a cobrar forma en el año 2001, momento en que Antonio Bernal realizó en madera de cedro la imagen del hermosísimo Ángel que desde entonces lo acompaña, presentándolo, jubiloso, al pueblo cordobés. La alegre talla era igualmente bendecida en la fecha del 30 de marzo de 2001 por el entonces consiliario de la hermandad y también párroco de Santa Marina, Rafael Flores Callava. Con esta misma celebración, se daba comienzo a los Actos Conmemorativos del 75 Aniversario de la Refundación de la Hermandad y el 50 Aniversario de la Bendición de María Santísima Reina de Nuestra Alegría.
Tras ello, el entrañable Ángel de Bernal acompañaba por primera vez al Resucitado en la mañana del Domingo de Resurrección del 15 de abril de 2001, comenzando a conformar el misterio que se vería completado poco más tarde con las imágenes de los romanos que, aun despavoridos, son testigos de la Resurrección de Cristo. Sendas imágenes fueron talladas en 2001 y 2003 respectivamente, dando armonía a una maravillosa escena que cada año se repite en Santa Marina.





