En la Sevilla del siglo XIX se observa un triste deterioro del patrimonio de la ciudad. El robo de obras de Alonso Cano, Murillo o Valdés Leal, entre otros, fueron sustraídos por el Mariscal francés Soult en 1812. Año en el que también se derriban los conventos de Santa Cruz, Encarnación y la Magdalena, que pasaran a ser plazas bajo el motivo de una modernización del aspecto de la Híspalis. Anteriormente la milicia gala, se instala en los conventos de San Clemente, La Merced y en la casa grande del Carmen, apoderándose de todo ello a su huida, incluyendo las hermandades que cohabitaban en dichos conventos, la plata de la Soledad, el paso del Silencio y Pasión, y los titulares de la cofradía de la Lanzada, son los ejemplos más claros de un largo etcétera.
Con la llegada del Rey Fernando VII, en el país se muestra un parón económico producido por la independencia de los Estados Unidos ya que España no podía sufragar más guerras. En 1825 se promueve un gran movimiento en la escuela de tauromaquia, como en el conservatorio de arte dramático, la escuela de los tres artes nobles y el diario de Sevilla. Con la Desamortización de Mendizábal en 1836, etapa por la que nación pasa por una profunda crisis, desaparecen nueve conventos. Las agustinas del Dulce Nombre y el de la Paz, entre ellos, siendo estos, sedes de las corporaciones de la Vera Cruz y de la Mortaja en la actualidad. Con la desamortización se hace más amena la deuda pública. Aunque habría que recalcar que los bienes extraídos a la iglesia y a los municipios con un gran valor a lo que edificaciones respecta, se ofertaron de mala forma. Esto benefició solo a las grandes familias, lo que ayudó a que se forjaran grandes latifundios y potenciar el caciquismo. La desaparición de los gremios con este monarca, hará que artesanos y clero se encuentren en una situación precaria peor que la de el siglo precedente. Esto conlleva a que el Cardenal Romo y el Concordato de 1851 regulara la circunstancia.

En la etapa Isabelina se implanta una feria de ganado en el Prado de San Sebastián para el crecimiento del sector agropecuario, el folclore y la festividad de dicho evento hace que nazca la feria de Abril. También se afianza la organización de la Semana Santa tal y como la conocemos. Con la llegada del Sexenio Revolucionario, en 1868, se intensifica la destrucción de los conventos de Regina, Dueñas, las Mínimas, la Concepción, San Felipe, de la iglesia de San Miguel y la puertas Carmona y Osario. El reinado de Alfonso XII en 1874 y la posterior Regencia de María Cristina de Habsburg-Lorena, España experimenta un gran crecimiento tanto cultural como económico. En 1876 los duques de Montpensier donan los jardines de María Luisa.
La vuelta de los Borbones al trono español conlleva que se haga un gran progreso. Se mejoran las instalaciones portuarias, se introduce en la ciudad el teléfono, se hace un establecimiento de aguas por parte de una compañía inglesa en 1882, se incorpora el tranvía eléctrico en 1887. Al final del siglo casi se duplica la población llegando esta a la cifra de 150.000 habitantes a pesar de que el tifus dejara 20.000 muertes. Como remate final, el 19 de febrero de 1899 se trasladan los restos mortales de Cristóbal Colón.

En el último tercio del siglo XIX, en la calle Froilán de la Serna situado en el barrio de la Macarena, aparece el que será uno de los talleres de bordado más relevantes. Las hermanas Antúnez llevarán a cabo trabajos como la túnica de «los Cardos» y el manto procesional para la virgen del Mayor Dolor y Traspaso, para la hermandad del Gran Poder. Este último será posteriormente vendido a la cofradía de la Estrella en 1872. Ana y Josefa Antúnez materializarían diseños de los afamados Guillermo Muñiz y Manuel Beltrán como es el manto en oro a realce de la virgen de la O –hoy desaparecido- en 1880 o el manto de la virgen de la Presentación -también desaparecido- en 1902.
Sí se conserva en la actualidad el palio que bordan también para la hermandad de la O, que con posterioridad, fue vendido a la cofradía del Santo Entierro de Jerez de la Frontera. Para la hermandad de la Expiración, realizan el manto de la virgen del Patrocinio. Dicho manto será comprado para una hermandad de Huelva. Años más tarde, en 1892, harán el palio para su titular mariana a la misma corporación del «Cachorro», el cual será adquirido por la Santa Vera Cruz y Santo Entierro de Utrera. Otra de sus grandes obras sería el palio de la hermandad de la Carretería que procesionaria por primer vez en 1886 el cual sería pasado a poder de la hermandad de Jesús Despojado. De este conocido taller aprenderá y saldrá el famoso diseñador y bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

Bordados de estilo Romántico son los que rondaban por las manos de las Antúnez, que aun siendo obras de gran talante, desaparecerán de la capital del Giraldillo. Unos acabarán en Castilleja de la Cuesta para la virgen de la Soledad, otros en Cantillana o irán destinados a manos gaditanas. Muchos se estremecen hoy en día por malas restauraciones y sin mérito alguno al mismo tiempo que se echan las manos a la cabeza porque Sevilla perdió algunas de sus mejores obras.
Solo hay que ver la manera en la que algunos de los mejores bordados nacidos en tiempos remotos salieron de la ciudad por diversas y en ocasiones incomprensibles causas. Y hoy en día nos sentimos orgullosos porque creemos que tenemos una buena pieza, siendo en algunos casos verdad, si bien en muchos otros lo que realmente tenemos es basura. Ni Juan Manuel Rodríguez Ojeda, ni algunos bordadores actuales, con más renombre del que merecen, ni tan siquiera los bordados de los talleres Caro, pueden presumir del incomparable buen hacer, y una impecable adaptación de los diseños, de las añoradas y nunca suficientemente ponderadas hermanas Antúnez, hoy en día prácticamente ignoradas en este mundo hipócrita en el que vivimos. Y es que hoy valoramos algunas obras que no valen absolutamente nada es por el absoluto desconocimiento de nuestro pasado. En caso contrario, nuestra realidad sería totalmente distinta.





