Porque no es fácil impregnar el papel con tinta cuando el corazón es el que habla. Por esta misma cuestión, no es fácil dar un abrazo sin el corazón en las manos. Pero, hay quien sin quererlo te da el corazón cuando habla, porque le nace de sus entrañas, porque no es que hable, nos hace a los demás sentir como si el alma tuviera cinco sentidos. Será que hay personas que cuando lo dan todo, hace que los que estamos alrededor nos sintamos tan a gusto como cuando de pequeños estábamos en casa de la abuela. Hoy hablo de una persona muy especial, que, aunque sea relativamente poco lo que la conozco, me hace, no solo sentirme bien, sino, estar donde me quieren. Una persona entregada a su vida, a su familia, a sus hermandades y por supuesto, a sus ciudades. Y, ¿Por qué digo ciudades? Porque ella, pese a haber nacido, criado y vivir en la actualidad en Sevilla, Córdoba le tiene un pellizquito en el corazón pegado.
Entregada al mundo de las comunicaciones, se cría siendo hija de un capataz arraigado, con el sentimiento en la voz rota cuando el paso de palio viene de vuelta, con las lagrimas sacadas en cada chicota, con la paz dentro de su cuerpo, siendo un maestro y referente a día de hoy, en definitiva, como los de antes, como es Alberto Gallardo. Una cofrade, de las de toda la vida, de las que entiende, pero se calla para dejar hablar a los demás. No le gusta ser el centro de atención de nadie, pero sin quererlo, lo es. Sabia de la vida, y aun más de las cofradías. Cariñosa, risueña, amable, simpática, entre miles de halagos, serían las palabras que más cerca estarían de definirla, aunque es imposible, os invito a hacerlo, verán como no podrán. Muchas son las buenas palabras que salen por mi boca al hablar de ella, pero ninguna mala.
Si las puertas del cielo existieran en la tierra, serias tú, Irene, la encargada de abrirlas, nadie podría cumplir ese puesto como ella. Y conociéndola, como la conozco, seguro que nos explicaría alguna historia que paso allí. Con arte y salero, con canela y clavo, pero con ternura y sonrisas, es como te explica la semana santa Irene Gallardo, y a esto, le sumamos la dulce armonía de su voz, la cual, es como la de la abuela antes de contarnos el cuento que nos deja en brazos de Morfeo. Gracias Irene, una vez más, Gracias por ser tú y por todo. “Buenos días mundo, buenos días Andalucía”





