La Iglesia catalana más independentista que nunca

La fractura social provocada por los sectores más rancios y totalitarios de la sociedad catalana, aquellos que se envuelven en la bandera anticonstitucional que denominan estelada y están conduciendo a la población a un conflicto social de proporciones y consecuencias imprevisibles sigue agrandándose a marchas forzadas con la insólita complicidad de la Iglesia, que no sólo no afea la conducta de quienes están sembrando de odio una sociedad antaño tolerante, sino que se ha alineado con los violentos supremacistas que pretenden imponer su voluntad por encima de la ley, como buenos fascistas. Hace unos meses, eran más de 300 clérigos catalanes los que emitían un comunicado en favor del referéndum independentista, seguido por votaciones y recuentos en recintos sagrados. Desde entonces algunos miembros de la Iglesia de Cataluña mantienen el apoyo a la ideología que fractura su sociedad.

Uno de los últimos ejemplos de esta repugnante connivencia ha tenido lugar en la población de Sant Pol de Mar, cuya ermita de Sant Pau fue utilizada por los denominados Comités de Defensa de la República – CDR – para proyectar las fotografías de los políticos presos y «exiliados» para pedir su liberación o que no sean juzgados por la celebración del referéndum, es decir por incumplir la ley. Y es que las Iglesias catalanas se han convertido en un punto neurálgico de la política secesionista catalana, pudiendo escucharse desde el púlpito oraciones por la «República Catalana» y permitiendo ondear esteladas y propaganda independentista.

Una realidad que se viene repitiendo con absoluta impunidad entre la incomprensión y el desarraigo de miles de católicos catalanes que no se sientes respaldados por sus pastores que han evidenciado, en muchos casos no importarles los más mínimo buena parte de sus feligreses, colaborando a segregar a la ciudadanía entre independentistas – «catalanes auténticos» – y «malos catalanes». Una vergüenza frente a a la cual la Conferencia Episcopal se ha mostrado desesperada y bochornosamente tibia mientras el Vaticano continúa guardando un sonrojante silencio y muchos católicos del resto de España se preguntan si deben dejar de marcar la x en la casilla correspondiente a la iglesia.