El Nazareno de Marchena y la victoria del tiempo

Esta semana la calle Sierpes tiene una puerta del tiempo. El Círculo Mercantil que acoge la exposición ‘El Nazareno de Marchena. La devoción de un pueblo’ ha hecho de su planta baja un viaje alrededor de los siglos que tiene como epicentro a Jesús Nazareno. Eje de la vida de un pueblo de la campiña sevillana que lleva como pendón las costumbres que le han legado.

La gran pérdida de la historia de la Semana Santa, a parte de todo lo que destruyeron antes y durante la Guerra Civil fue la «sevillanización» de muchas cofradías de fuera de la capital. Una riqueza que quedó olvidada en amarillentas imágenes y borrosos recuerdos de personas mayores. Esta «sevillanización» no es cosa del pasado. También del presente. Son muchas hermandades las que en los últimos años están cambiando sus históricos días de salida y el sello procesional para retener a la gente que se marcha de los pueblos a la capital en los Días del Gozo.

Quizás sean éstos los culpables. Prefiriendo vivir una Semana Santa que peca de masificación antes de contemplar la belleza de las cofradías de los pueblos. Pero Marchena es una excepción. Su gente ha hecho de su Semana Santa un orgullo que proclaman allá donde vayan. Ellos son los culpables que la Semana Santa de Marchena tenga una gran riqueza que lleva al pueblo en los días de la pasión a un lugar donde los relojes marcan el siglo XVII, el XVIII o el XIX.

La Hermandad de Jesús Nazareno es el reflejo de esa Semana Santa que se ha conservado pese al paso de los siglos. El Viernes Santo es un rito que atrapa el tiempo en un frasco de aromas que perfuma la cofradía. Las calles son un río de devoción. Las puertas de las casas y las esquinas el vértice de la vida de muchas familias que crecen viendo en el mismo sitio a la Hermandad. Es la pervivencia escénica pasionista de una tradición literaria en forma de Mandato. Jesús desata la saeta y el llanto en la gente que queda apresada por el recuerdo. Él es la estampa que siempre vieron en las casas de sus abuelas. Mientras la Virgen de las Lágrimas es la última plata de las indias. Una pintura perfecta cuyos colores vienen de la cal y las flores de fachadas centenarias.

Estos días Sevilla tiene envidia de no ser de pueblo. Ya no podrá compartir el orgullo de haber ganado el pulso al tiempo. Sevilla cambió su estética cofradiera con la revolución «juanmanuelina». El Círculo Mercantil está siendo el escaparate de grandes obras que ha sorprendido a la ciudad. La Hermandad de Jesús Nazareno ha entrado en Sevilla para enseñar elegantemente que la verdad de la Semana Santa está en los pueblos. Aquellos que han conservado su esencia para que cada primavera en torno a una devoción rompa el frágil papel del tiempo con la daga del amor.