Cruz de guía | Aún no lo supero

La bajada de la Virgen de Linarejos a la Basílica de Santa María es uno de los momentos más emotivos y esperados del año en la ciudad. Este acto, cargado de simbolismo y tradición, representa un encuentro entre la patrona y su pueblo, un momento de comunión y renovación de la fe. El traslado de la imagen de la Virgen desde su santuario hasta la Basílica de de Santa María es mucho más que un simple desplazamiento físico. Es un recorrido espiritual que simboliza el camino de la vida, con sus alegrías y sus dificultades. Los devotos acompañan a su patrona en este trayecto, renovando sus promesas y pidiendo su protección. Para tal ocasión, el sonido de las cornetas y tambores se hizo eco absoluto en el caminar de la Patrona. Este año, la Banda del Rosario sería la encargada de colmar los oídos, al igual de la Banda de Alfredo Martos, en un crossover musical que no dejó indiferente a los espectadores.

Aún recuerdo las miradas de los allí presentes. Siempre he sostenido la idea de que no hay mirada más sincera que la que mira a Dios -y de eso los costaleros sabemos mucho- pero realmente, la dulcificación del alma reflejada en la cara de los presentes supone el complemento perfecto para colmar el espíritu y calmar la vorágine y el frenesí de nuestra vida.

Aún no lo supero. Aquellos instantes y la belleza de lo efímero fueron capaces de detener las agujas del reloj para dejar pasar la mezcolanza de emociones que perduran en el efímero tiempo en el que Ella está en la calle. ¿Qué le vamos a hacer? Así somos.