Roquetas de Mar ha vivido este domingo un momento inolvidable con la presentación del cartel anunciador de la salida extraordinaria de Nuestro Señor Jesucristo Crucificado en su Divina Misericordia, titular cristífero de la Hermandad de los Dolores, una obra majestuosa firmada por Fernando Vaquero Valero, uno de los máximos exponentes del arte cofrade contemporáneo. La cita, que tuvo lugar en un ambiente cargado de emoción y belleza, contó además con la participación musical de la Agrupación Musical Nuestra Señora del Mar de Almería, que puso sonido solemne al acto de descubrimiento de la pintura.

Una obra maestra cargada de simbolismo
El cartel, titulado “Con los ojos del alma”, ha sido concebido como un sentido homenaje a la figura inmortal del escultor sevillano Luis Álvarez Duarte, autor del Santísimo Cristo Crucificado en su Divina Misericordia, imagen titular de la corporación roquetera desde el año 2000. La composición, ejecutada en óleo sobre lino (92 x 60 cm), con la inconfundible técnica de Vaquero, representa uno de los momentos más íntimos y reveladores de la creación artística: el instante en que el imaginero contempla por primera vez su obra ya finalizada, en una escena que el autor ha descrito como “un encuentro eterno, sin espacio ni tiempo, donde solo están ellos dos… el creador y lo creado”.
El cartel conmemora el 25 aniversario de la bendición del Crucificado, una talla de honda devoción entre los fieles de Roquetas, esculpida por Álvarez Duarte tras el encargo formalizado por la Hermandad en 1998, y cuya bendición tuvo lugar en Cuaresma del año 2000, con la presencia del propio imaginero.
Un homenaje que nace de una deuda personal
Fernando Vaquero ha impregnado esta pintura de una profunda emoción autobiográfica. En sus palabras, el artista sevillano ha recordado cómo, desde la infancia, sintió una admiración reverencial por Álvarez Duarte, a quien ha descrito como “un faro de asombro”, comparándolo incluso con un “pequeño Mozart de la imaginería” por su precoz genialidad.
El pintor ha confesado que llegó a prometerle en vida al escultor entregarle un cartel dedicado, promesa que la muerte inesperada del maestro impidió cumplir en su momento. Años después, al recibir el encargo de la Hermandad de los Dolores, Vaquero comprendió que esta era la ocasión perfecta para saldar aquella deuda pendiente, poniendo en cada pincelada no solo su talento, sino su “gratitud, admiración y una emoción profunda”.
Un Cristo sin cruz, una gubia con historia
En la pintura no se representa el taller físico de Duarte, sino un espacio simbólico, suspendido en la atemporalidad, donde el escultor observa la talla recién concluida. A su lado, apenas visible, una pequeña peana sostiene la imagen del Crucificado, aún sin cruz. El escultor aparece de pie, con las manos a la espalda, sosteniendo una gubia —la misma herramienta con la que dio vida al Señor— en un gesto cargado de solemnidad y recogimiento.
“Es un espejo”, señala Vaquero, “pero no uno cualquiera: es un espejo donde el artista no solo contempla lo que ha hecho, sino quién es realmente”. La escena evoca incluso un eco bíblico: el momento en que el centurión Longinos reconoce la divinidad de Cristo tras su muerte. “Estoy convencido —escribe Vaquero— de que esas mismas palabras resonaron, aunque en silencio, en el corazón de Luis Álvarez Duarte cuando comprendió la magnitud de lo que había nacido de sus manos.”
La presentación incluyó también un emotivo video producido por “El Silencio del Búho”, en el que el propio artista reflexiona sobre su obra y su vínculo con Luis Álvarez Duarte, y donde se recupera —de forma poética y conmovedora— la voz del escultor, “hablándonos desde la eternidad”.
En ese montaje audiovisual, Duarte cierra su intervención con una frase que ha conmovido profundamente a todos los asistentes: “Y hoy, en este año 2025, cuando celebráis los 25 años de aquella aventura santa, quiero deciros —desde este cielo en el que descanso y con las manos llenas de paz— que al ver ahora el rostro de vuestro Cristo… poco me equivoqué. Porque en su rostro, tan lleno de amor, de entrega y de esperanza, reconozco aquel al que tanto busqué… y que ahora, al fin, contemplo sin madera, sin cruz, sin barro, sin gubias… solo con el alma.”
El legado sigue vivo
La obra ha sido calificada por los asistentes como impactante, maravillosa, inolvidable, espectacular. Una auténtica genialidad que no solo enriquece el patrimonio artístico de la Hermandad de los Dolores, sino que eleva el cartel cofrade a la categoría de obra maestra.
Con esta pintura, Fernando Vaquero ha logrado trascender lo meramente estético para adentrarse en lo espiritual, lo simbólico, lo eterno. Y ha devuelto, con el lenguaje del arte, el testimonio imborrable de un creador a otro.
La obra presentada en Roquetas de Mar se inscribe ya en el imaginario cofrade contemporáneo no solo como cartel conmemorativo, sino como documento artístico de profundo calado simbólico, en el que convergen la herencia estética de Luis Álvarez Duarte y la sensibilidad pictórica de Fernando Vaquero, dando lugar a una pieza que fija en la historia reciente de la devoción andaluza una memoria afectiva y visual de insoslayable valor.





