Entre los episodios más sobrecogedores de la historia reciente de la Hermandad de Jesús del Gran Poder se encuentra el incendio ocurrido el 15 de marzo de 1985 en el interior de la Basílica del Señor de Sevilla, un suceso que a punto estuvo de poner en riesgo la integridad de la sagrada imagen del Nazareno más venerado de Sevilla. Aquel viernes cuaresmal, tras concluir el piadoso ejercicio del Vía Crucis, que había congregado a numerosos hermanos y devotos en torno a la venerable efigie de Juan de Mesa, una densa amenaza de fuego y humo sembró la inquietud en el corazón de la corporación trinitaria.
El inicio del fuego y el desconcierto inicial
Los primeros instantes del siniestro estuvieron marcados por la incertidumbre. El segundo capiller de la hermandad irrumpió súbitamente en el llamado “casinillo” de la cofradía, espacio habitual de reunión fraterna, reclamando extintores con voz entrecortada y gestos desesperados. El incendio se había originado en una dependencia habilitada para el depósito de velas de promesas, situada en el interior del templo y presidida por una fotografía del Señor, que presidía las oraciones de centenares de fieles.
Las causas del incendio apuntaron a la deficiente calidad de las velas, muchas de ellas adquiridas en establecimientos populares, en las entonces habituales tiendas de “veinte duros”. El elevado contenido en parafina de aquellos productos, unido a un indebido posicionamiento de una de las luminarias, provocó un repentino estallido de llamas difícil de contener.
Evacuación, temor y decisión providencial
Lo que en un primer momento fue considerado un contratiempo menor derivó, en cuestión de minutos, en una situación de alto riesgo. Los hermanos que se encontraban en el lugar intentaron en vano sofocar las llamas, viéndose obligados finalmente a evacuar las distintas estancias del templo, muchas de ellas en ese momento concurridas por fieles y cofrades. La gravedad del fuego impulsó a los priostes a proteger la imagen del Señor con mantas y prepararse para su posible evacuación por la sacristía, ante el temor de que las llamas alcanzaran el presbiterio.
En paralelo, y como medida de contención, los accesos al templo fueron bloqueados con los bancos del propio templo, en un intento de impedir la entrada de devotos que, alertados por las noticias transmitidas en directo por un programa radiofónico local, acudían a San Lorenzo con la intención de salvar personalmente al Gran Poder. El nerviosismo y la tensión se extendieron por toda la feligresía, que aguardaba expectante a las puertas del templo, entre súplicas, llanto y rezos espontáneos.
El templo arde, la ciudad espera
Mientras tanto, los minutos se hacían eternos. Los cuerpos de bomberos encontraron obstáculos para acceder a las inmediaciones, dificultados por la orografía urbana del entorno y la gran cantidad de curiosos congregados en torno a la parroquia. En el interior del templo, los testigos recordaron después el creciente calor que desprendían los muros, acompañado del estremecedor sonido de piezas ornamentales y elementos decorativos que se desmoronaban bajo el efecto del fuego.
La tensión emocional era absoluta. El temor a la pérdida de la imagen del Gran Poder caló en lo más profundo de los corazones de Sevilla. Pese a ello, el fuego jamás alcanzó la zona donde se encontraba la talla del Señor, que quedó indemne, gracias a la intervención diligente y valerosa de los hermanos y a una circunstancia que algunos han calificado de extraordinaria.
Una fotografía entre las cenizas: ¿milagro o símbolo?
Al término del siniestro, cuando se procedió a evaluar los daños materiales, se constató la pérdida total de la estructura de madera, el cristal y el marco de la fotografía del Señor, que presidía la sala de promesas. Sin embargo, en medio de las cenizas, los escombros y los restos calcinados, la imagen fotográfica de Jesús del Gran Poder permanecía intacta. Aquel hallazgo fue recibido por muchos como un signo providencial, interpretado incluso como milagroso por no pocos fieles que habían ofrecido allí sus oraciones la víspera.
Una tarde para la memoria colectiva de Sevilla
Lo sucedido aquella tarde de marzo forma parte ya del patrimonio emocional de la ciudad y de la historia sagrada de la Hermandad del Gran Poder. El incendio de San Lorenzo, más allá del susto y del riesgo material, fue una prueba de la fortaleza espiritual de una comunidad que reaccionó con fe y determinación ante el peligro, y que supo custodiar su mayor tesoro con entereza.
Años después, aquel suceso sigue evocándose con un temblor contenido, como uno de los momentos más críticos de la historia reciente de la devoción al Gran Poder, y como símbolo de una presencia que, incluso entre el humo y el fuego, permanece incólume en el corazón de Sevilla.
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