A contracorriente | ¿Curas comunistas?

La jerarquía, se lo cuenta un anarquista, es un anacronismo, un vestigio del pasado, en muchos casos, que se refleja en multitud de quehaceres diarios. Desde la política a la empresa, pasando por la Iglesia.

En ese último estamento, porque sigue atesorando su connotación feudal, se expresa el concepto de mando de una forma total, aunque en numerosas ocasiones se haya disfrazado de Vaticano II con consejos pastorales -por ejemplo- que solo sirven para mostrar la falsa ilusión de la democracia comunitaria, cuando en realidad se ejerce la voluntad del párroco de turno en la parroquia de turno.

La curia deja hacer hasta que considera que se rebasa una línea, que no tiene porqué ser roja, sino simplemente una franja de seguridad. Y las cofradías retoman el pulso de su historia (desafortunadamente olvidada) y empiezan a padecer el mando del báculo episcopal.

Acaba de ocurrir en Jerez, donde el obispo ha promulgado un decreto en el que deja claro quien manda. Tanto es así que prohíbe los traslados de regreso de las hermandades (cuando les llueve) en Domingo de Resurrección. Y no se duda en poner de manifiesto que si en el templo donde se refugian se produce un gasto deberán abonarlo.

Eso último, por escrito, ya pone de manifiesto el ánimo de lucro latente del clero, algo que es tan antiguo como el propio clero y tan esclarecedor como el Ministerio de Hacienda de turno, que también se refleja en diezmos y demás tributos.

Lo importante es pagar y hacer lo que yo te diga, parece el mensaje de la jerarquía eclesial. Y eso, muy lejos de la supuesta fraternidad, suena mucho a comunismo del bueno, envuelto en el celofán de un mensaje salvador que, hasta la fecha, tiene más adeptos en las cofradías que en las bancadas de cualquier iglesia.