Hacer las cosas bien es casi un intangible. Algunos (quiero pensar que la mayoría) lo buscamos durante toda nuestra vida, pero acertar con las decisiones es algo casi inescrutable para el común de los mortales.
Hay quien sostiene que se acierta por azar y quienes acuden al determinismo. Otros nos aferramos a la Providencia, que hay quien defiende que es otro tipo de determinismo, pero que se basa en Dios y en el libre albedrío que nos concede.
Al amparo de esa libertad de elección nacieron -y lo siguen haciendo- las cofradías. Y en ciertos casos sus decisiones, desde el primer momento, son acertadas y se reflejan en cada dato.
Eso sucede, por ejemplo, a la prohermandad cordobesa de La Confianza, una corporación que no deja de crecer, partiendo de la fe de un barrio (el de Ciudad Jardín) hacia el crucificado al que lleva rezando durante décadas.
Una devoción que, hasta hace muy poco, no se canalizó de forma corporativa y que de la mano de José Luis Díaz (hermano mayor, Francisco Granados (el párroco actual), la junta de gobierno y sus numerosos hermanos no paran de crecer.
En el seno de la institución penitencial reconocen que están “muy contentos porque han pasado los 400 hermanos”, algo -añao- de lo que pueden presumir no demasiadas cofradías de la capital.
Además, destacan el “rejuvenecimiento de los hermanos”. Y este crecimiento hace que haya una participación en el vía crucis significativa, porque son en torno a los 80 puntos de luz. A lo que hay que sumar cuerpo de acólitos, insignias, etc., y los 60 portadores del crucificado de Castillo Lastrucci, que engrosarán, este sábado 14 de marzo, un cortejo de unas 200 personas.
En el mismo habrá representación en presidencia y antepresidencia de la Buena Muerte, un gesto recíproco y cargado de significado.
En apenas tres días, el Cristo de la Confianza saldrá de la Inmaculada y San Alberto Magno para encaminarse por Diego Serrano, Alcalde Sanz Noguer, La Palmera, Felipe II, Albéniz, Vázquez Aroca, 7 de mayo, Felipe II e Infanta Doña María.
Ello para demostrar que hacer las cosas bien es casi un intangible, pero posible como es el caso de La Confianza.





