Asentir ante hermandades reconocibles por poseer un sello propio, en Córdoba, no es sencillo. Son un escogido ramillete, que aunque va aumentando deja en evidencia que, durante décadas, las cosas se hicieron como se pudieron, además de otras -señeras- en las que pese a haber poderío faltaba criterio y otro tipo de sensibilidad para no tener que rehacer -como está pasando- el guion.
Bajo esa premisa del estilo definido han nacido buena parte de las nuevas cofradías. Entre ellas, una de las que más diáfana tiene la línea es la Quinta Angustia, donde el malagueño Curro Claros lleva ya media cofradía diseñada, con un gusto exquisito, que dota a la corporación de la iglesia de la Merced de una marca propia, reconocible.
Esto, que podría parecer algo inamovible, un reto de trabajo continuo y una ilusión por verlo plasmado, se ha puesto en duda -de alguna manera- durante las últimas semanas. La doble candidatura (que como decía Luis Galán, a la postre hermano mayor electo) no tenía fundamentos para ser algo negativo per se, sí evidenció que había dos criterios: el continuista y otro mucho más difuso.
En este último mes y pico han llamado la atención muchas cosas, desde la irrupción de una candidata que saltó del -probablemente pretendido- anonimato cofrade para presentar un proyecto que recordaba más a un retiro de Emaús o a un Cursillo de Cristiandad que al carisma propio de una hermandad; hasta la sensación de que tras ella aguardaban aquellos que presuntamente dimitieron al hermano mayor saliente.
De ser cierta, sería la historia de siempre, la tantas veces repetida, la en cientos de ocasiones lamentada en tal o cual cofradía del tercero interpuesto, ya sea para colmar las aspiraciones de un capataz o de un prioste. Pero todo sin entrar en valoraciones morales, pues cada uno es dueño de sus aspiraciones y responsable de sus victorias y sus derrotas. Como también lo es de intentar hacer llegar la información oportuna por medio de susurros, de terceros y cuartos y de que el intento no salga bien.
Sea como fuere, como habrán deducido desde el comienzo, me decanto por quien tiene el proyecto claro y la valentía de ponerse en primera fila cuando, a priori, se convenía que iba a perder. Ahora le toca seguir e intentar recuperar la unidad perdida.
Tampoco le resto mérito a quien da la cara y cae derrotada, aunque nunca me hayan gustado ni el estilo ni el entorno, y sé muy bien de lo que hablo. Pero son solamente gustos personales, el que importaba era el de los hermanos y casi la mitad han votado y se han decantado por seguir con el proyecto.





