A contracorriente | Tres barbaridades musicales 

La Magna, con sus fallos organizativos,  ha dejado una lección que probablemente no se aprenderá. A la par que ha servido para disfrutar de algunas de las mejores bandas del panorama musical andaluz. 

La primera en salir a escena fue La Redención de Sevilla, que mantuvo una simbiosis muy especial con el Huerto de Cabra. La agrupación musical fue un auténtico espectáculo, agrandado con el magnífico trabajo realizado por los costaleros egabrenses, haciendo las delicias de propios y extraños. La Redención fue una sinfonía que ejecutó de la mejor manera posible la cuadrilla de costaleros de la Subbética. 

Y hablando de sinfonías, otra de las formaciones que las interpretaron fue la banda del Sol. Sus cornetas siguen experimentando un crecimiento exponencial, del que se pudo volver a disfrutar detrás del misterio de la Sentencia, como si de un regreso al pasado se tratase. La puesta en escena se agrandó con el excelso caminar de la cuadrilla que gobierna David Arce, en un alarde de clasicismo (con la música del Sol y la letra de la cuadrilla) solo al alcance de los elegidos.

Para rematar, llegó Santa María Magdalena de Arahal. La madre y maestra del estilo puro de la agrupación musical atraviesa un momento tan dulce que, sus solos sones ya irrumpen en las almas de quienes la presencia. Pero cuando acompañan a un paso como el del Resucitado, comandado con la técnica impecable de Juan Luis Berrocal, la subida emocional es exponencial. 

Así se disfrutó en la Magna con esas y otras barbaridades musicales en el mejor de los sentidos.