A contracorriente | Una lección a todos sus haters

Ahora los llaman haters, poco antes, odiadores y, hace algo más de tiempo, críticos. En ese grupo no hay que meter a los toca pelotas (entre los que me incluyo), porque no es igual aunque el resultado sea parecido. Y, para colmo, no sé el término guay y anglófono con que se nos denomina en esta era streamer cooll. 

Lo que si parece obvio es que a José Antonio Fernández Cabrero, sus haters lo han tratado a la altura del rival que es, el más duro e implacable. Y esto no es en sentido negativo, sino en la brutalidad que confiere el tener argumentos, el no anedrrntarse ante la adversidad y salir al paso de ella mirándola a los ojos. 

Esa cualidad la poseen personas contadas y en el gremio de los hermanos mayores, casi ninguno, y ni en época de bonanza. Y es que cuando te insultan en la puerta de la iglesia, te montan manifas al estilo pro palestino de la extrema izquierda, te vilipendian en la mayoría de los medios, te sacan en teles regionales y nacionales para hacer escarnio y ofrecer sorbos del cáliz codiciado del morbo ¿qué sería lo fácil?

Te puedes ir en silencio, quedarte pero en silencio o salir a embestir a quienes lo han hecho contigo primero. Eso es a lo que estamos acostumbrados en una tierra donde todo es susceptible de ser banalizado y, una vez conseguido, naturalizado. 

Pues nada de eso ha hecho el hermano mayor de La Macarena, sino que ha esperado, ha dado las explicaciones a sus hermanos y, de postre, ha dado una entrevista donde su lenguaje ha sido exquisito, sin ambages y con la contundencia de quien aclara en lo que ha errado y su discurso nunca es histriónico ni presenta grietas. 

A esa altura ha estado con Víctor García-Rayo, quien de canino ha ejercido su profesión con la precisión de la que otros (jóvenes y maduros) no pueden presumir y con el tratamiento al caso de La Macarena, menos. Aunque le tocará sufrir la ira de esos otros que se han quedado sin entrevista ni show. 

José Antonio no le desea su final de mandato a nadie, pero sus haters acabarán peor y se acordarán de lo que hicieron y de lo que no y detrás de lo que se escondieron. La lección es siempre la misma y solo está al alcance de quienes pueden darla y de aquellos que, al recibirla, son capaces de tener conciencia de ella.