A paso mudá I La exquisitez musical y el público

Las marchas procesionales tuvieron su origen pasada la mitad del siglo XIX, perdurando hasta nuestros días y la cual presenta un largo futuro. Viniendo de las raíces de las obras fúnebres hasta la época, diferentes autores comenzaron a basarse en ellas para componer lo que a día de hoy son himnos para nuestra Semana Santa. Eran marchas interpretadas por bandas de plantilla mucho más reducidas a lo que actualmente vemos, ya que lo común era ver bandas que no superaban los 30 componentes.

Actualmente, es fácil ver que las formaciones musicales llegan al centenar de músicos, o que incluso lo superan. Es por ello, que las composiciones actuales tienen una mayor complejidad y están más elaboradas musicalmente que las de antaño, por el simple hecho de las instrumentaciones de las bandas actualmente (refiriéndome a las bandas de Cristo). Pero la pregunta es: ¿componer más significa componer de calidad?

Recientemente, la semana pasada, tuvieron lugar varios estrenos en lo que a música de Cristo se refiere. Todas y cada una de las marchas han tenido su acogida, pero también han tenido algo de especial. Uso de instrumentos poco comunes hasta la fecha, «guiños» a otras marchas, el uso de liras en formaciones las cuales nunca antes habían hecho uso de ellas. Y todo ello con un fin único, bajo mi punto de vista: renovarse, innovar y gustar.

No voy a entrar a analizar, por ahora, cada una de las composiciones. Solo puedo decir que a mí, personalmente, me gustan todas hasta ahora, pero puedo llegar a entender que a cierto sector no. La música cofrade sigue avanzando y al final, lo bueno es lo que se queda y no se pierde en un cajón.

Quizá, el público debería valorar más todo lo que engloba una composición, debería tener en cuenta la riqueza musical y no quedarse en el sota-caballo-rey de siempre.

Ya para despedirme, sí que hay un estreno que me tiene enamorado: «Vedlo Aquí», de Gándara para la agrupación de la Estrella de Jaén.