Tal y como marcan los Estatutos de la Hermandad, en la Solemnidad de Todos los Santos, la imagen del Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas es expuesto para la celebración de su Quinario en los días siguientes. De nuevo, el Sagrado Titular se encuentra en el presbiterio de la Real Parroquia de San Lorenzo Mártir.
En esta ocasión, se promueve una profunda reflexión sobre el capítulo quinto del Evangelio de Mateo en el que encontramos la predicación de Jesús sobre las bienaventuranzas en el monte (dicho monte es representado en nuestro altar de Quinario con el propio calvario de flor de estatice). Cada bienaventuranza declara que un grupo de personas que por lo general son
considerados como afligidos, en realidad son bendecidos.
A sus pies, encontramos a los ángeles que sostienen una filatelia representando cada uno de ellos las distintas bienaventuranzas, las cuales describen el carácter del reino de Dios, pero no son condiciones de la salvación.
“Bienaventurados los pobres de espíritu”. Las personas que son pobres de espíritu también son conscientes de su carencia espiritual, saben de su absoluta necesidad de Dios; y de este modo, se abren a Él.
“Bienaventurados los afligidos”. Parece inverosímil que los afligidos puedan llamarse ‘felices’, pero esta bienaventuranza se refiere a un tipo especial de aflicción. Si amamos a Dios, amaremos a todos aquellos que pertenecen a Dios, por tanto, amaremos a nuestro prójimo.
“Bienaventurados los pacientes”. Los pobres de espíritu son pacientes porque saben que Dios siempre lo ha sido con ellos. Si miramos con detenimiento cuantas veces actuamos mal durante nuestra vida tenderemos a ser más comprensivos con los demás.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”. Cuanto más intenso sea nuestro amor, más intensos serán el hambre y la sed; dichosos nosotros si vivimos este tipo de hambre y sed, porque eso significa que estaremos participando del hambre y sed de Cristo.
“Bienaventurados los misericordiosos”. Misericordia significa «el corazón (cor) de Dios (deus) que toca nuestra miseria (miser)». Dios se introduce en nuestra miseria haciéndose hombre en Cristo. Para que cuando nuestra vida nos parezca oscura, no tengamos que sufrir en soledad.
“Bienaventurados los puros de corazón”. Algunas personas aman a la creación más que al Creador; aman a las cosas; adoran las cosas, la riqueza, los placeres de la tierra, etc. Es por ese motivo que los que tiene el corazón puro verán a Dios, quien nos llama a que lo amemos a Él.
“Bienaventurados los que buscan la paz”. Si nos hemos liberado de las trabas del dinero y del orgullo, endurecido en el sufrimiento y arrancado de la mediocridad, de la dureza y de la duplicidad, entonces la paz de Cristo puede desarrollarse ya en nosotros y en nuestro alrededor.
“Bienaventurados los perseguidos por la justicia”. Jesús les dijo: “¿Estáis decididos a luchar por los derechos de Dios y de vuestros hermanos?”. Porque para extender el Reino de Dios le hacían falta unos discípulos valerosos, comprometidos a defender y a sufrir por la justicia.





