Estimado, amable y fiel lector, qué bonito sería el verano con estas temperaturas suaves que llevamos disfrutando dos días y que desaparecerán como el aroma de azahar cada primavera, en un suspiro.
Y cuando la brisa se vaya, todo volverá a calentarse, hasta tal punto que puede llegar a un punto de ebullición insoportable.
Estas previsiones son las que se esperan precisamente en la Hermandad de la Macarena tras el anuncio oficial del cabildo extraordinario, para informar a los hermanos sobre todo lo ocurrido con la Virgen de la Esperanza, y la aprobación del proceso de restauración que va a realizar Pedro Manzano con la supervisión del IAPH.
La reunión ha sido programada para el martes 29 de julio a las 19:30 horas, pero posiblemente la presencia de miembros de la corporación por el entorno del atrio y la basílica sea latente desde horas antes, dada la importancia de la citación.
Quién sabe si no se repetirá la imagen de la manifestación, con cientos de personas congregadas en la Plaza Esperanza Macarena vociferando improperios a Fernández Cabrero, y escenificando una particular versión de la Casa de Bernarda Alba con el llanto compungido por el cambio de la mirada de la Rosa de oro (Gold rose of Pope Frank, para los visitantes internacionales que pasen por allí).
Y es que ya puestos, yo haría una buena caracterización a la altura del momento esperpéntico que se va a presenciar, y que viene dado por el clima surrealista que se respira en el arco desde que el profesor Francisco Arquillo decidió jugar a las operaciones estéticas con la mayor devoción de Sevilla y parte del extranjero.
¿Se imaginan ustedes a los asistentes al cabildo ataviados como las figuras secundarias del misterio? No me digan que no sería un puntazo.
Yo pienso por ejemplo en ese muchacho que aparece por la muralla disfrazado de Pilato, con su túnica blanca, el mantolín rojo, los abalorios y la corona de laurel.
No me digan ustedes que no sería digno del programa del amigo Curro Bono, cuando el Pilato del cabildo llamara a la puerta entonando: ¡Ave, César!
Qué poderío. Y detrás de él los armaos de la centuria con sus corazas y su plumerío blanco escoltando al procurador romano en su llegada al epicentro de la devoción macarena.
Eso sería histórico. Una proeza como pocas se han visto en la ciudad. Y es que el mérito que tendrían esas criaturas con su terciopelo y sus medias rosas paseando por Sevilla un 29 de julio, es digno de un monumento de alabastro.
Y justo al lado de Poncio Pilato, estaría su esposa Claudia Prócula con su vestido y el velo, dispuesta a clamar clemencia por la denostada junta de gobierno.
Quizás podría acercarse por allí el sanedrita que lee la sentencia, caminando presto con su pergamino para informar a los hermanos de los dictámenes de los mandatarios macarenos para salvar “la faena”, nunca mejor dicho.
O también, igual que en la Cabalgata de Reyes vemos la Estrella de la Ilusión al inicio del cortejo, aquí podría abrir la comitiva del cabildo la “la mariquilla” de la basílica, una simpática mascota con el aspecto de una de los cinco broches de pétalos de cristal de roca francés de color verde que destellan en el pecho de la Virgen desde que Joselito el Gallo las regalara en 1913.
Posibilidades hay miles, y yo espero verlas en una ocasión tan propicia para, como dice la sevillana, hartarme de reir. Y es con lo que hemos sufrido tanto con este asunto, la guasa y la ironía es lo único que nos queda. Eso y tu compañía dentro de 7 días en el mismo sitio y a la misma hora con su Legatus.
Hasta entonces, que seas muy feliz y pases una semana maravillosa.





