Estimado, amable y fiel lector. Ruego me disculpe por mi ausencia del pasado viernes, y espero que no me haya dejado huérfano en esta atalaya semanal.
Pero no estamos aquí para dramas melancólicos, así que iré al asunto que nos ocupará en las próximas líneas, el tema estrella de la semana: la presentación del Cartel de la Semana Santa 2006.
Sobre gustos no hay nada escrito, se suele recitar frecuentemente en estos casos, pero lo cierto es que el cartel, resultando muy armónico y colorista, no pasará a la historia en la memoria pictórica de esta Sevilla caprichosa y difícil de impresionar.
Antoine Cas ha creado una obra resultona, con el crucificado de la Misericordia de Santa Cruz como absoluto protagonista, y un interesante diálogo de personajes bíblicos en el fondo rojo, un telón que algunas voces han asociado al del Resucitado de Salustiano.
Por desgracia, la efectista pintura no fue el tema de conversación en el acto de la Caja Rural, sino que el evento de cariz cofrade se convirtió en una apología preelectoral de los casi 8 años del mandato de Paco Vélez.
Una cita para los amantes del arte sacro pasó a ser un patético festival de loas y homenajes al presidente del consejo. Aplaudían las mismas manos que en apenas cuatro meses tirarán por el retrete a Vélez, y con él su legado, que aún está por ver quién lo heredará.
La dantesca imagen rozaba el esperpento, con el auditorio en pie por Paco Vélez mientras el sainete de la corte permanece sentado observando su propio banquete narcisista.
Lo peor no es que estas escenas sucedan, sino que los amantes de la Semana Santa, aquellos que sueñan con el Domingo de Ramos y perfuman su casa de incienso en agosto lo pasarán por alto mientras sigan disfrutando del pan y circo.





