Estimado, amable y fiel lector, un periódico local abrió hace unos días el melón de los melones cofrades en Sevilla: La Carrera Oficial.
Llevamos décadas, vamos a poner desde principios de siglo, buscando una solución a un problema mayúscula de la Semana Santa, que además no deja de agravarse.
La idea de una reforma de la Carrera Oficial en Sevilla vuelve a tomar el pulso de la actualidad en un momento cumbre por el fondo y por la forma del actual sistema.
La información recientemente publicada buscaba la valoración de distintas personalidades del mundo de las hermandades sobre este tema, pero sin llegar a una conclusión precisa.
Pues bien, ahora nosotros, en este viernes cuaresmal recogemos el guante para valorar el alcance de la medida.
Todos coincidimos en un punto: La necesidad de cambiar la Carrera Oficial, tanto desde el punto de vista de la seguridad como de la funcionalidad.
La calle Sierpes, vía crucial de paso de corporaciones en el esquema actual, se ha convertido en una ratonera incómoda para los abonados de las sillas por la estrechez de la acera; y peligrosa para momentos de masificación, y por la experiencia de varias madrugadas, de posibles avalanchas.
El número de nazarenos es otro de los factores que abogan por la urgencia de la medida. Hermandades como La Macarena, El Gran Poder, San Gonzalo o La Estrella han traspasado con creces el límite natural y lógico de un cuerpo de nazarenos.
El Hermano Mayor de la Macarena, José Antonio Fernández Cabrero, dice que ellos han hecho ya los esfuerzos necesarios al cambiar el recorrido y cumplir los horarios. La pregunta es: ¿A qué precio? Porque la cofradía del arco ronda los 4000 nazarenos en la calle, que se dice pronto. Y nadie, mucho menos los cuerpos de seguridad o el Cecop, que tienen que estar en tantos puntos de la ciudad, pueden garantizar la seguridad del propio cortejo y de los espectadores.
Ninguna cofradía baraja aún el limitar los nazarenos, entre otros motivos porque muchas Reglas de hermandades indican que los hermanos tienen la obligación de hacer Estación de Penitencia. Se hace pues indispensable cambiar ese punto en las corporaciones pertinentes, para que pase a ser una opción y no una obligación el vestir el hábito nazareno.
Solucionado este trámite, sí sería posible poner coto al desmadre de nazarenos para flexibilizar con ello los horarios de cada jornada y mejorar los tiempos de paso y muy posiblemente la comodidad del hermano nazareno.
Respecto a la calle Sierpes, la solución pasa sin más dilación por cambiarla por Tetuán y Velázquez, una vía más ancha y mejor preparada para las procesiones, desembocando desde la Campana en la Plaza Nueva.
Es la mejor posibilidad si se desea mantener el dibujo actual del recorrido, como ya adelantó en su momento Jesús Creagh.
La cuestión es si se va a buscar un consenso para salir del paso en una hipotética reforma; o se quiere apostar por la mejor carrera oficial, la cual probablemente no tenga nada que ver con el entorno y las condiciones urbanísticas de la actual.
Le dejo, mi querido lector, pensando en esta cuestión mientras disfrutamos de una agenda cofrade que cada vez se condensa más, al tiempo que restan números al calendario para tocar el cielo con el corazón durante 7 días con sus noches. Sueñe.





