Burladero | ¡Vaya carita!

Estimado, amable y fiel lector. Aquí estoy una semana más para sacarte una sonrisa de oreja a oreja a ti, mi leal vasa… digo seguidor, que prefieres un viernes de Legatus y manta antes que irte de copichulas a la Alameda.

Tengo que confesarte mi última preocupación, las campañas electorales de las hermandades. Sí, es una ciencia confusa que cada vez entiendo menos. Hoy hemos tenido, sin ir más lejos, comicios en la Hermandad de las Aguas, una cofradía de en torno a 2000 hermanos con tres candidaturas. Sí, has leído bien. Tres aspirantes a hermanos mayores con programas aparentemente diferentes pero que suelen parecerse significativamente a lo que ya se hacía en cuanto toman posesión de la varita de los deseos cumplidos.

Qué bonito es ese momento en el que termina el recuento de los votos, y aparece Mari Pepi con su vestido negro por debajo de la rodilla para anunciar solemnemente: Una vez finalizado el escrutinio de las papeletas, ha sido elegido nuevo hermano mayor Fulanito de Pensilvania. Aplauso rotundo en la sala y vítores al ganador, que es amiguete del dueño del Iscariote en la Plaza del Museo, y por seguro conseguirá alguna consumición gratis en los periódicos lingotazos que caerán durante el mandato. Porque será así. Siempre es así.

Para ser candidato de una hermandad no tiene ninguna importancia la labor asistencial, los cultos o el cambio de vestidor o capataz. Qué va. Esto trata de un ritual mucho más ancentral y a la vez rutinario, el compadreo.

Pasa igual en la política. Por muchos que nos engañen asegurando que los de izquierdan votan al PSOE o a Sumar por la defensa de los obreros y la lucha contra la violencia de género y los desahucios, o que los de derechas salen elegidos gracias a sus cribados de mamas y la gestión de las catástrofes naturales desde el Ventorro, el pueblo llano vota a quien le cae bien, así de sencillo. O a quien ofrece más ventajas, también simple y sin mucha comida de tarro.

La diferencia es que al menos en los partidos políticos se buscan perfiles mínimamente agraciados, que en la hermandades nos comemos cada sapo que es para verlo, honestamente. Y sí, lo digo sin titubeos, las juntas de gobiernos están llenas de feos.

Sí, tenía que gritarlo a los cuatro vientas. Teniendo en cuenta que la gran parte de los proyectos de la juntas que van pasando tienen de ilusionante e innovador lo mismo que una berruga en la cara, hay que sumar encima que algunos diputados tienen el rostro del que mató a Manolete.

Por todo esto, queridos aspirantes a hermano mayor, ya que generalmente no tienen las dotes de seducción de Casanova, sean un poco inteligentes y elijan a gente válida y guapa para su junta, que tengo por seguro que los encontrarán sin necesidad de mover cielo y tierra.

Dejando en el aire esta reflexión existencia-cofradiera, les emplazo el próximo viernes en el mismo sitio y esperemos que a una hora más temprano. Sean felices y pasen buena semana.