Se alcanza la culminación del curso en la Córdoba Cofrade con las diversas procesiones de la Octava del Corpus que se multiplican sin solución de continuidad por los cuatro puntos cardinales de este fin de semana de junio. La mañana de Domingo ha gozado de especial intensidad de los alrededores de la Plaza del Cristo de los Faroles, porque Dios ha recorrido el barrio de Capuchinos a hombros de los costaleros del Císter que han querido acercar su luz infinita a cada uno de los numerosos fieles que han esperado en las calles para encontrarse cara a cara con Él.
El siempre impecable acompañamiento musical de la Banda de Música de La Esperanza ha puesto el contrapunto necesario e insustituible para convertir esta mañana veraniega, en el corazón mismo de la ciudad de San Rafael, en un encuentro sublime, único e irrepetible, entre el Padre y los hijos que precisan de su cercanía, que anhelan alimentarse del maná imperecedero de su amor incontestable y que una vez más se han dado cita para bañarse en su inmensidad.
A media mañana, en otro centro neurálgico de la devoción popular de la ciudad de Córdoba, San Andrés las hermandades que allí habitan, El Buen Suceso y la Hermandad de la Esperanza, han participado en la procesión eucarística sacramental que cada año organiza la Parroquia del Realejo, para dar testimonio de fe verdadera acompañando a su Divina Majestad en su visita a su rebaño. Nuestro compañero Antonio Poyato se ha hecho presente para dejar testimonio gráfico de ambos acontecimientos a través de esta excelente crónica gráfica.


























