El viejo costal, 💙 Opinión

Claustral Corpus Christi

Pues ya hemos sobrepasado por segundo año consecutivo el jueves siguiente al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera, celebración encajada trascurridos sesenta días del Domingo de Resurrección, y que, por segundo año consecutivo en Córdoba, lo hemos presenciado durante una efímera procesión claustral en el patio de los naranjos de nuestra Mezquita-Catedral.

Bueno, al menos es lo que permite y aconseja el momento actual, y también coincide, que al elevarse al aire las primeras nubes de incienso, en cualquier lugar de nuestra ciudad, y llegado su olor a Capitulares, automáticamente vuelven con la manida carga de algunos partidos políticos sobre la petición de la inmatriculación de la propiedad de la Mezquita-Catedral de Córdoba, y a mí, me gana ya la pereza de ver volver otra vez la mula al trigo.

Es de agradecer que los únicos problemas de nuestra ciudad que merecen ser tomados insistentemente y de forma constante sea solamente la propiedad de este recinto, pero lo que me preocupa es que cuando me desplazo por los polígonos industriales compruebo la penosa decadencia de los mismos, lo fundamento en la cantidad de cartelería con peticiones de venta, traspaso o alquiler, en estos polígonos lo único que funciona bien es el cierre de las empresas.

Consecuencia de esta política de bajo nivel que nos han tocado padecer, por evitar la palabra sufrir, su verdadera preocupación es la propiedad de la Mezquita-Catedral de Córdoba, siendo el único problema que tienen, que la misma revierta en cualquiera menos en la Iglesia.

Antes de la pandemia, la Cámara de Comercio de Córdoba, en el año 2019 detectó una fuerte desaceleración económica, con el cierre de 53.108 negocios, imaginen en el 2020 durante la pandemia, con lo que el problema queda perfectamente centrado como pueden ver en la propiedad de la Mezquita-Catedral de Córdoba.

Si tiene o no tiene nuestra ciudad un tejido industrial, capaz de sostener a un número considerable de familias, de negocios, de puestos de trabajo, al fin y al cabo, de bienestar para nuestros conciudadanos, debe de estar vinculado a la negativa de la Iglesia a ceder ante la manida petición constante de anulación de las inmatriculaciones.

Creo que el problema es otro, que las necesidades de nuestra ciudad y población son otros, mal interpretados, olvidados por la desidia e inanición de estos grupos políticos, y como consecuencia de su perfecta visión de los verdaderos problemas de nuestra ciudad, ellos vienen padeciendo una visible retirada de apoyos en forma de votos de los conciudadanos, y es que este rancio odio, es lo que trae. ¿de verdad creen que la constante reclamación de la propiedad traerá más bienestar a nuestra ciudad?, ¿no sería mejor conseguir la creación de un par de cientos de cooperativas dedicadas a la transformación?

Que se den un par de vueltas estos grupos políticos, a modo de claustral meditación por el Patio de los Naranjos pensando que le conviene a los cordobeses, y a ellos, mantener o dejar esa rancia política de bajo nivel fundamentada solo en un reticente odio constante sobre todo lo que huela a incienso.

Trabajen creando trabajo, ahora lo que necesitamos en Córdoba es una política de trabajo y esfuerzo.

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