Cruz de guía | El eterno debate de la Carrera Oficial

Un debate infinito y posiblemente sin una solución reconfortante para ambas partes. La metamorfosis de la Carrera Oficial de Linares es ya una realidad. Los primeros trabajos de renovación que incluyen la inclusión de palcos en el tramo que ocupa la calle Isaac Peral en su extensión entre calle Argüelles y Corredera de San Marcos, la integración del palco de autoridades y el de toma de horas representan una realidad palpable de la necesidad de ampliar un recorrido oficial que ha ido encogiéndose con el paso de los años. Una hilera de palcos perfectamente alineados reciben al cofrade en sintonía como la más importante de las novedades que este año presenta la Semana Santa linarense. De un rojo profundo y un marco incomparable de grandes edificios, el nuevo tramo desenlaza en un punto de fuga homogéneo que le proporciona un carácter serio y firme a lo que en anteriores ediciones fue una travesía triste y sin orden que desembocaba en una hilera de gradas más propias de estadios de fútbol.

Aún así, no todo es de color de rosas, y con la tan estrujada frasecita de «para gustos los colores», el nuevo tramo de recorrido oficial ha generado, también, animadversión en esa parte de la ciudadanía linarense que vive en un eterno enfado y en la necesidad de saciar su vista con recuerdos del pasado que jamás regresarán. A pesar de ello, problemas más graves acucian al famoso recorrido oficial, y es que la ciudadanía cofrade linarense y foránea ha vivido una cuaresma poco exenta de polémica con la aprobación del nuevo entramado oficial y las vicisitudes internas de la Hermandad de la Santa Cena para con el trono del Señor y sus colosales dimensiones que incompatibilizan su transitar, de manera horizontal como viene siendo habitual, por la Carrera Oficial.

El eterno debate continuará siendo eterno ante la problemática que existe con un trono que mide más de cinco metros y una ciudad que continúa estrechando espacios y peatonalizándolos con la consecuente integración de árboles, maceteros, bancos y toda clase de mobiliario urbano y vial entre los que se encuentran semáforos y señales. Esto y la intensa búsqueda de la estética de una Carrera Oficial desfavorable a la vista han terminado por alimentar esta dicotomía de espacios que carece de una solución firme más allá de respuestas que requieran la reducción del número de filas de los palcos con su correspondiente perjuicio al espectador que las ocupa y la insaciable necesidad de generar un recorrido oficial atractivo y cómodo que cumpla las medidas de seguridad al pie de la letra.

Como ya he dicho, no existe una solución fehaciente y el debate parece no tener fin ante una lluvia de acusaciones estériles entre Cofradía y Agrupación que han ocupado primeras páginas de diarios provinciales y de todo tipo de medios de comunicación locales. Una coyuntura que ha justificado la celebración de dos cabildos en el seno de la Hermandad de la Santa Cena para tratar un problema de espacio careciente de las claves necesarias para una resolución firme que requiere de medidas en espacios donde no las hay.

Podríamos seguir alimentando este debate durante meses, que por más que se trate la solución supondrá un perjuicio para los agentes implicados, llámense espectadores, hermandad o carrera oficial. Por ello, es plausible que la polémica continúe en el fragor de una batalla que puede remitir en perjuicio de una Semana Santa en plena reconversión.