Los carteles emanan de debajo de las piedras. Comienza el nuevo año y miles de obras pictóricas, gráficas, de multitud de técnicas se abren paso a más de tres meses del comienzo de la Semana Santa. La carrera por ser el primero y la inminente llegada de la Feria Internacional del Turismo (FITUR) encienden la mecha a una carrera de fondo que se ha convertido en una fuente de propulsión de obras de toda índole de todas las calidades.
Piezas clásicas, innovadoras, provocativas y un cierto sector sin sentido del gusto, copan las primeras planas de la pinacoteca cartelera de Semana Santa. Un sinfín de intentos por llamar la atención y por confeccionar la obra más mediática que obtenga el mayor ranking de impresiones e interacciones en redes. Quizá a algunos se les venga a la mente el caso del comentadísimo cartel de Salustiano que sirvió de comidilla a programas televisivos de toda índole los cuales aprovecharon la tajada para arremeter contra el mundo de las cofradías y, por ende, de los católicos, pero a lo largo de la historia de la cartelería cofrade andaluza hemos presenciado multitud de ejemplos que han hecho replantearnos el principal cometido del cartel de Semana Santa.
Así pues, la proliferación de la cartelería ha ofrecido al mundo un debate abierto sobre el objetivo principal y las técnicas utilizadas. A la tan denostada fotografía que cubrió los carteles del siglo pasado, se le unió la fiebre del óleo y el lienzo y la actual composición digital, la cual ha abierto la polémica de las inteligencias artificiales y los parecidos realistas, así como los plagios y copias que han azotado el avispero cofrade durante los últimos años.
Vamos a ver algunos ejemplos de la cartelería más peculiar y controvertida de nuestra Semana Santa.

Cada vez que pienso en carteles de Semana Santa se me viene a la cabeza aquella obra que supuso el inicio de la concepción contemporánea de la cartelería malagueña. El concepto rompedor de usar un graffiti anunciando la Semana Santa de la Costa del Sol por parte de un joven José Antonio Jiménez Muñoz, generó una sulfurosa polémica por el marco en que aparecía la Virgen de los Dolores del Puente de la Cofradía homónima del Lunes Santo. El impacto de ver el arte contemporánea mezclado con la silueta de la clásica imagen mariana atribuida a Asensio de la Cierva, provocó el revuelo de los cofrades malagueños en las postrimerías de una nueva cuaresma.

Sin salirnos de la capital de la Costa del Sol, otra de las obras que dieron que hablar en las tertulias cofrades capitalinas fue la de José Luis Puche del año 2020, en el cual se adivinaba el manto bordado de la Virgen de los Dolores como el elemento simbólico y representativo de la Semana de Pasión, en un nuevo intento por conseguir alejamiento de la iconografía religiosa tradicional que supuso opiniones de todo tipo. Asimismo, en la vorágine de carteles contemporáneos, entró en escena, al año siguiente, el ejecutado por Andrés Mérida Guzmán, en plena pandemia, con una obra que no dejó indiferente a nadie.
En la historia de la cartelería ha habido muchos ejemplos de obras que han causado polémica entre los cofrades. Ejemplo de ello fue el cartel de la Semana Santa de 1995 de Francisco Maireles, vapuleado por la crítica debido al intento de pintar la torre de la Giralda en las pupilas de la Macarena. Quizá hoy en día nos hubiera parecido algo poético, pero en aquellos tiempos supuso un desafío que rozaba la ofensa a una ciudad que casi vislumbraba el nuevo milenio.

Pocos años después del aldabonazo mairelesco, Antonio Agudo volvería a levantar la polvareda con el manierismo de un cartel que representaba a un Ecce Homo muy alejado de la silueta barroca sevillana, que en palabras de los sevillanos «podría haber representado la Semana Santa de cualquier ciudad o pueblo».
Regresando al pasado más reciente, no podemos olvidar aquella obra de Manolo Cuervo del año 2022. Aunque el estilo del artista onubense ya venía anticipado por sus obras en ciudades para hermandades como la Macarena o la Hiniesta, la impactante imagen del Señor del Cachorro teñido de una amalgama de colores produjo el desagrado de un cierto sector cofrade sevillano.

Como he citado anteriormente, el plagio también ha sido uno de los aspectos que han perseguido a los artistas. Buena cuenta de ello pudo dar la obra presentada por Rolando Campos en el año 1984, autor elegido por concurso público del por aquel entonces Ayuntamiento de Sevilla. Una pieza fotográfica a modo de collage que supuso una ruptura innovadora con respecto a la línea cartelística de aquella época y la introducción de dieciséis fotografías, doce de ellas sacadas del libro de Luis Arenas Ladislao, que pusieron el foco en el autor y en la necesidad de salvaguardar la propiedad intelectual de las fotografías.


En un primer momento decidí desgajar los carteles de la Semana Santa que generaron polémica, pero no puedo dejar en el tintero la necesidad de relatar las obras que hicieron las risas y mofas del espectador por ser alocadamente jocosas. Este es el caso de aquella obra que anunció la Semana Santa de Carmona del año 2023, obra que fue denominada como «La Virgen voladora», pues Manuela Bascón diseñó una pieza enmarcada por la silueta que declara el skyline de Carmona sobre la cual se situaba el contorno de un nazareno y, en el plano celestial, una Virgen en actitud planeadora que generó grandes dosis de humor en redes sociales.
Finalmente, no puedo despedir este ligero repaso por las obras que enmarcaron cantidades desorbitadas de polémica, enfados y risas a partes iguales sin olvidarme de la joya de la corona que nos dejó Salustiano García el pasado año. Sí, aquel que fue, como ya he dicho, la comidilla de las tertulias televisivas y la excusa para atizar al mundo cofrade por todo el país. Una obra rompedora, técnicamente impecable, pero que levantó polvareda por incluir rasgos afeminados a un Cristo Resucitado lejos de la fisonomía sevillana integrado en una obra muy poco representativa de la Semana Santa sevillana.
Seguro me dejará muchas obras que produjeron un sinfín de sentimientos negativos encontrados. Multitud de ciudades han multiplicado la producción de piezas rompedoras que están a la orden del día con las nuevas tendencias innovadoras de la modernidad que prometen ser un calco del cometido para el que ha degenerado el cartel anunciador de la Semana Santa, que no es otro que el de ser el más mediático.






