No cabe duda de que la Semana Santa vivida en la capital cordobesa ha ido dejando a su paso una gran cantidad de momentos y escenas que no han dejado de suscitar opiniones y comentarios para todos los gustos que, además, siguen sucediéndose hasta monopolizar múltiples conversaciones, independientemente de los días que hayan transcurrido desde que se produjese un determinado suceso.
Sin embargo, alguna de esas afirmaciones y acusaciones vertidas han llegado a parecerme, en ocasiones, desmedidas e incluso hasta injustas, máxime si tenemos presente que en el caso de una de las hermandades que más duras críticas ha recibido se encuentra, no solo entre el grupo de las más jóvenes de cuantas acuden a Carrera Oficial, sino que en otros aspectos – como el riguroso y consecuente comportamiento de su cortejo – le lleva una envidiable ventaja a otras considerablemente más experimentadas e infinitamente más antiguas.
Aun a riesgo de equivocarme en algo, no puedo dejar de percibir la sensación de que esos juicios de los que hablo son extremadamente duros con unos en la misma medida que permisivos con otros, que parecen estar mejor vistos y valorados por la calidad artística de unos bordados, el prestigio de la banda de turno o el estreno de túnicas que, lo reconozcamos o no, no dejan de emular a la que suele lucir el Señor de la Sentencia de la cada vez más invasiva ciudad vecina.
Yo más bien diría que sobran los “quiero y no puedo”, sobra condescendencia con la actitud de ciertos cortejos y sobran imitaciones que pueden llegar a traducirse en pérdidas de identidad tan sorprendentes como, por ejemplo, escuchar tanto a hermanos como a espectadores corear orgullosamente “Esperanza, guapa” con las repeticiones que todos conocemos de sobra gracias a las incombustibles retransmisiones desde el Arco de la Macarena.
Llegados a este punto, más cabría comenzar a replantearse si el progreso al que a veces creemos estar asistiendo con la presentación de ambiciosos proyectos en materia patrimonial no es tanto una evolución como una alarmante desatención hacia lo que antaño fue y debería ser la Semana Santa, más allá de devorar golosinas y paquetes de pipas como si no hubiera un mañana mientras alentamos a las generaciones más jóvenes a idolatrar a los señores de chaqueta y a los costaleros, a menudo más obcecados en dejarse ver, aunque esto suponga plantarse delante del paso – al que ellos mismos portan…o no – y a darse abrazos y palmaditas en la espalda unos a otros en mitad de lo que, repitamos una vez más, es una estación de penitencia.
Si ese es el precio a pagar por enriquecer el patrimonio artístico de una hermandad, casi mejor quedarse en los humildes y tradicionales vía crucis del Viernes de Dolores o con la respetuosa puesta en la calle de cofradías como la del Cristo de la Salud, la Buena Muerte, el Nazareno, el Remedio de Ánimas y, sí, el de la Universitaria.
En imágenes, el besamanos de la Virgen de los Dolores, de la Hermandad del Descendimiento
El Rincón de Costal Hero | La realidad siempre supera a la ficción, mi arma
¿Cuál será la nueva banda del Nazareno del Cerro?
Francisco José Valderas toma las riendas del Cerro del Águila en unas elecciones con un resultado increíble, con un empate a 600 votos
El Gran Poder de La Línea llevará sones de Rosario de Cádiz en su salida extraordinaria de 2027
Disonancias musicales | Más allá del atril: El director musical como activo estratégico
La crónica | La Virgen del Socorro convierte Córdoba en un altar de emociones
La crónica | La Virgen de los Dolores y del Rayo devuelve al Campo de la Verdad el latido de una devoción de cuatro siglos
La Crónica | El sábado más radiante de la historia de Baeza
El Nazareno de Córdoba aprueba llegar a Carrera Oficial a medianoche y «recupera la Madrugada»
La Virgen del Socorro Coronada vuelve a las calles de Córdoba con la Banda de la Estrella y un tramo azul para una procesión más inclusiva
Todo lo que debes saber de la procesión de la Virgen de los Dolores y del Rayo: itinerario, horario y banda
El cirineo | Completamente enamorado
El capirote | Luz de tristeza
La crónica | La Esperanza convierte las calles de La Línea en un suspiro de magia y devoción para la historia 




