De San Martín a Feria, de la Gloria a Sevilla

La Virgen de la Cabeza y la Esperanza Divina Enfermera inauguraron un año más el mes de octubre en la capital

El pasado sábado volvió a cumplirse el rito no escrito, la devoción centenaria y amor sin medida por y para la Madre de Dios.

Y es que mientras miles de cofrades miraban absortos el hermosísimo rostro de la Virgen de las Mercedes, recorriendo el centro metropolitano entronizada en su paso de palio, el barrio que circunda la calle Feria se vestía de gala para recibir a dos de sus Imágenes más veneradas.

Por una parte, el alma de la sierra jiennense se trasladaba a la capital con la devoción sevillana a la Virgen de la Cabeza, que recibe culto en San Juan de la Palma, junto a la Amargura y Nuestra Señora de Montemayor.

La Virgen de la Cabeza unió Jaén y Sevilla en una jornada pletórica. Fotos: Alejandro Sigüenza.

Ataviada con manto azul bordado en oro, la talla de pequeñas dimensiones salía a media tarde para inundar de fervor la collación, acompañada de los sones musicales de la Banda del Maestro Tejera.

Casi al mismo tiempo que esto sucedía, y con apenas una calle de distancia, la Esperanza Divina Enfermera cruzaba el dintel de la Iglesia de San Martín entre aplausos.

La Señora, que visitó al igual que la Virgen de la Cabeza los Conventos del Pozo Santo y las Hermanas de la Cruz, procesionó durante casi todo el recorrido sin la corona, debido a un desperfecto con el perno que la sujetaba a sus sienes.

La Esperanza Divina Enfermera, sin corona, a su llegada a la Plaza del Pozo Santo. Fotos: Alejandro Sigüenza.

En el caso de esta segunda Imagen, las notas musicales venían a cargo de la Banda de Música María Santísima de la Victoria (Las Cigarreras), con un repertorio magnífico de marchas alegres y clásicas.

Es destacable y conmovedor el detalle de la Hermandad de la Lanzada en esta salida de su Titular Letífica, pues abrían el cortejo dos servidores que recogían fondos para la Asociación Sevillana de la Esclerosis Múltiple, una labor impecable que merecía la pena recordar.

Ambas corporaciones conjugaron de emoción y recuerdos renovados una jornada jubilosa para los hermanos y todos los vecinos que esperaban exultantes esos momentos incomparables.