Quizás esta sea la oportunidad para muchos cofrades de descubrir el significado de este tiempo de esperanza, es este adviento que se nos presenta de nuevo en el calendario litúrgico y que aproxima nuestro corazón a vivir la llegada del mejor de los nacidos.
Espero que ningún cofrade se lleve una decepción, pero el tiempo de esperanza, no es exclusivamente ese día señalado de diciembre en el que las imágenes marianas bajo la advocación de la Esperanza son expuestas en besamanos o veneraciones. Tampoco sirve este tiempo de esperanza, para inundar a mediados del mes de diciembre los estados de las redes sociales con fotografías, vídeos y marchas de las esperanzas (miedo me dan este año algunos con las restricciones sanitarias) ¡No! ¡Siento defraudaros! Existe algo más allá de los besamanos, los posados besando a las imágenes y esas devociones “de toda la vida”.
Evidentemente, cuanto más se quiera a la Virgen María, mucho mejor, la devoción a la misma no debe de tener límites y aproximarnos a Ella es ver el mejor ejemplo para los cristianos. Por eso mismo, en este adviento en el que no hay tantos ruidos, ni tantas luces, ni distracciones, ni otros cultos más atractivos, se nos presenta una verdadera oportunidad, para de la mano de María, Reina de la Esperanza, descubrir este tiempo de adviento.
En esta espera, de su mano podemos preparar nuestro corazón, para que sea una verdadera posada en donde Jesús pueda nacer cuando llame José y pida cobijo para el hijo de Dios. De la mano de María, podemos entender este tiempo litúrgico del adviento y encender cada fin de semana una vela de la corona de adviento.
Quizás, este tiempo de pandemia nos ayude a redescubrir el tiempo de adviento entendiendo a través del sí de María cual es nuestra vocación pues Dios viene para todos. Así que estemos atentos a nuestro alrededor, dispongamos nuestros sentidos a la llamada de Cristo y hagamos de este tiempo de esperanza el inicio de grandes planes de la mano de Dios.





