Diez aspectos que nos revelan que la Semana Santa está en peligro

Uno ojea un libro sobre Semana Santa y todo es un compendio de alabanzas. Hoy en día, habría que hacer referencia al público con el que uno se encontraría para ofrecer una mejor estampa de la realidad. Si el pueblo es el principal mantenedor de las tradiciones, una parte de él parece pasar por alto cualquier aspecto que tenga que ver con el respeto. A continuación, diez momentos que se vivieron en esta Semana Santa y que, desgraciadamente, parece ser que se vivirán el próximo año.

Nuevo auge de las sillitas

Ni la instalación de las señales que las prohíben ni las indicaciones de algunos de los asistentes. Desgraciadamente, a las sillitas les ha pasado como al reggaetón, que llegaron para quedarse. Y ojo con llamar la atención sobre su uso, que igual pueden armarte un dos de mayo.

Suciedad

Toneladas y toneladas de basura, parte de ella totalmente asumible por parte de los consumidores. La cantidad de pipas son todo un gozo para el penitente, pensarán quienes se ponen a devorarlas tirándolas con arrojo a la calle. Algunos además pensarán que tirar las bolsas que reparten llenas de restos de bocadillos, pizzas y latas es ya colaborar. Quizá algún día se sientan atraídos por el siguiente capítulo y conozcan que lo ideal sería depositar las bolsas en un contenedor. Desgraciadamente, la basura que acumulamos va en aumento. En cuanto a las pipas, la salida de los Panaderos parecía el entorno de la fábrica de Churruca.

Flashes

Hemos asistido a una disminución importante de los auriculares centrándonos en las redes sociales, donde nos cuentan lo que sucede al segundo y además hablamos a través de whatsapp casi instantáneamente. Y es entonces cuando echamos manos de los móviles y ahí estamos, sacando una cantidad de fotografías para enviarlas rápidamente y cegando al que tenemos enfrente. De seguir así, acabará cayéndose la página web de quitasol ante la avalancha de solicitudes. Es imposible que uno pueda siquiera disfrutar del momento sin que una luz acabe atravesándote como la espada láser de Darth Vader.

La calle es mía

Aunque parezca mentira, cada vez son más las personas que prefieren quedarse en casa antes que enfrentarse a ciertos especímenes que te vociferan como te atrevas a pasar entre ellos. Se escudan en que llevan en ese espacio tres y cuatro horas y enarbolan la bandera de la mala educación soltando toda clase de improperios, algunos en voz alta, buscando el enfrentamiento. Si se produce cuando una banda quizá solo quede en una pelea de gallinas. Es mucho peor cuando la hermandad es de silencio. A este espectro de la población le da igual.

Selfies por doquier

Habría que crear una guía sobre el comportamiento de quien asiste a contemplar el paso de una procesión. Desde aquí apuesto porque uno de los capítulos versase sobre los selfies. Ahora ya no basta con sacárselo junto a los componentes de bandas, donde algunos de ellos se prestan creyéndose toda una atracción. Ahora hay que ponerse delante de los pasos, tomarse un selfie entre los cangrejeros y que de fondo se vea el palio. Da igual si la dolorosa no aparece por completo o si se les corta la cabeza a los caballos de la Exaltación. Lo importante es compartir la foto en las redes sociales y hay que hacerlo cuanto antes, aun con el riesgo de que, algunas con tanta laca, puedan salir ardiendo al entrar en contacto con el calor de la candelería. Mejor que no se acerquen al palio de la Virgen de la Presentación.

Los siseantes

Estos especímenes son más difíciles de detectar, aunque los pasos para conocerlos son fáciles. Algunos mandan callar, ante lo que nadie puede objetar nada negativo, pero otros lo hacen solo para llamar la atención. Es tan sencillo conocerlos si cuando sisean, después vuelven a hablar entre ellos o se ríen. Principalmente, jóvenes.

La nueva moda

Pude comprobarlo en varias ocasiones pero me resultó bastante llamativo cuando la hermandad de la Trinidad pasaba por la calle Cristo de las Cinco Llagas, a la altura del santuario de los Gitanos. A pesar de las indicaciones de quienes piden que por favor no se crucen entre los nazarenos, parte del pueblo no solamente hace caso omiso sino que ahora se apunta a una moda que es peor que la anterior. Si antes se metían por medio de los nazarenos cruzando las filas, ahora lo que hacen es meterse en la fila en sí, correr en su misma dirección o al contrario, dependiendo de qué paso quiere alcanzarse de la cofradía, y salirse de las filas cuando encuentran un hueco. Ahora no se otea buscando un lugar y se cruza sino que se introducen en las filas y caminan hasta que encuentran un lugar donde poder situarse.

Avalanchas

Un conato en Reyes Católicos que pronto fue solucionado por la actuación de los asistentes y de los cuerpos de seguridad. Esta situación no llegó a más porque aprendimos cómo hay que actuar ante estos hechos. El aspecto negativo, sin embargo, es el hecho de que todavía haya personas que quieran que la Madrugada se convierta en lo mismo del año pasado. ¿Qué pasa por la mente de esas cabezas?

Irrespetuoso

Cuando la Mortaja pasó por la plaza de San Martín parecíamos perdernos en tiempos pasados, pero cuando el paso se introdujo por la calle Cervantes, la plaza entera se vino abajo corriendo de un lado a otro, hablando, sin tener en cuenta que el paso se encontraba tan solo dos metros por delante de la plaza por la que había transitado. Me llamó la atención el poco respeto al paso del Cristo de Burgos antes de llegar a Campana o la Virgen de Loreto bajando por la Cuesta del Rosario buscando la plaza del Salvador.

Poca educación

Al murmullo hay que sumarle la actuación de ciertos especímenes que se ponen a beber delante de los pasos. Cuando contemplaba la llegada de la Virgen de la Soledad de los Servitas a la plaza de Santa Isabel, el palio se giró hacia el convento. Es una de las mejores estampas, pero quien estaba delante de mí bebiéndose una cerveza no paraba de hablar y después no tuvo mejor ocasión para apretar la lata que precisamente esa. Su hijo le miraba mientras comía una bolsa de Cheetos. ¿Creen que actuarán así los menores teniendo a sus progenitores como espejo? No fueron los únicos que me impidieron disfrutar de este momento. Algunos seguían hablando y comiendo. Apenas fue perceptible el canto de las novicias. Instantes que se rompen y ante los que no queda otra que callarse, porque alzar la voz o llamar la atención puede ser más incendiario si se tienen en cuenta ciertas actitudes.