Se respira en las calles del Cerro del Águila ese aroma inconfundible de los días grandes, de decisiones que marcan el rumbo de una cofradía. Con las elecciones a hermano mayor en el horizonte más cercano, se abre de par en par el azulejo de los sueños para el próximo Martes Santo. Y es precisamente ahí, en la encrucijada del futuro y la tradición, donde cobra fuerza una verdad de categoría: los sones de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Redención casan de manera idónea tras la majestuosa e imponente zancada de Nuestro Padre Jesús de la Humildad. No se trata de un simple anhelo musical, sino de una cuestión de estricta justicia sentimental, vecindad y sentido común.
Hablar del Cerro es hablar de la hermandad de barrio por antonomasia de Sevilla. Una corporación construida sobre el esfuerzo de su gente, trabajadora, humilde y de una identidad inquebrantable. Por eso, el pulso de su Semana Santa se entiende mejor cuando vibra en su propia sintonía. Con el máximo respeto y la más absoluta admiración hacia la formación de Huelva que ha venido acompañando al Nazareno —cuyo nivel y entrega están fuera de toda duda—, Sevilla guarda una deuda histórica con los suyos. ¿Qué mejor que arropar la identidad del Cerro con una banda que ensaya a pocos metros de la parroquia?
La Redención no es una extraña en estas latitudes; es parte de su ADN. Desde sus benditos inicios, los músicos de Santiago han gastado suelas y dejado el alma ensayando en los terrenos de Hytasa, dejando que el eco de sus cornetas y trompetas se funda con el día a día del barrio. La banda es el Cerro, y el Cerro es la banda. No en vano, hace ya muchos años que sus notas abrieron camino en la corporación tocando en la Cruz de Guía. Además, una inmensa cantidad de sus componentes se han criado, viven y sienten el orgullo de pertenecer a estas calles y a las zonas colindantes. Sus corazones laten a ritmo de chicotá en el mismo código postal, el 41006.
El enriquecimiento del patrimonio musical de la cofradía sería, sencillamente, histórico. La inclusión de la Redención tras el Nazareno permitiría al Cerro del Águila lucir con orgullo en su cofradía los tres estilos musicales de Sevilla por excelencia. Una estampa completa, redonda y netamente sevillana. A ello se suma un argumento inapelable: la formación de la Iglesia de Santiago posee marchas propias dedicadas con un gusto exquisito a los sagrados titulares de la cofradía del Martes Santo.
No hacen falta piruetas argumentales cuando las raíces hablan por sí solas. La música de los amigos de la Redención pertenece, por derecho propio y por pura lógica cofrade, al caminar de la Humildad por su barrio. Es hora de volver a casa. Es hora de que el Cerro suene al Cerro.





