El capirote | Cuando la ciudad se parte en dos

En estos días de Esperanza toca mirar la agenda para que cuadren los horarios en las visitas a las imágenes bajo una advocación que concentra aquí a miles de visitantes. La ciudad se parte en dos, que son las que más mueven y remueven la ciudad en unos días gozosos que podemos considerar como la víspera de la Navidad. A la basílica de la Macarena o la capilla de los Marineros más vale que llegue uno temprano, porque las colas empiezan a formarse desde primeras horas de la mañana, algo que no sucede en ningún otro templo a lo largo del año.

Y aunque hay Esperanzas repartidas por toda la ciudad, la fuerza de las que son procesionadas durante la noche más hermosa del año continúa estando ajena a los parámetros y tendencias. A primera hora de la mañana de este pasado viernes ya había cola al amanecer. Salón de trono en un templo que propicia por su amplitud que cualquier problema de evacuación pueda resolverse sin problema. La Macarena luce bellísima, en un montaje de ensueño. Y qué buen trato cuando piden, por favor, que abandonen la primera fila quienes la veneran para dejar paso a los que permanecen atrás, de modo que no se pasen más de lo normal sacando fotos y entorpeciendo a quienes permanecen en el centro. Todo impecable.

Al otro lado del río aguarda la Esperanza de Triana. Supongo que ya se habrán calmado los gritos en la abacería Mentidero. El viernes, cuando me acerqué hasta la capilla, el ruido ensordecedor daba vergüenza ajena. Me pregunto si continuarán así el día de la función. En el interior se escuchaban las guitarras, que eran acompañadas por palmas de algunos que esperaban en la cola. Y mientras unos cantaban, otros daban el cante. Que digo, yo, un poco de respeto podría tenerse. Y si somos elegidos para permanecer junto a la Señora, el atuendo y las formas podrían ir de la mano. Ni qué decir tiene que durante todo el tiempo que permanecí allí, jamás vi usar un pañuelo para limpiar la mano de la Virgen.

Es curioso cómo en la convocatoria, se anunciaba el besamanos de la Virgen, para luego impedirlo, para más tarde volver a cumplir con lo que se recogía en el anuncio. No causaba extrañeza el cambio. De igual modo sucedía con las fotografías. La hermandad anunciaba que no podrían hacerse desde la alfombra. Pues allí que había unos cuantos que, según conviniera —no sé a quién— te dejaban tomar la imagen o no. Existían también aquellos se pasaban las indicaciones por el forro.

Los besamanos son, en definitiva, un termómetro para medir la estética de la ciudad. Por allí vi a uno con dos monster en los bolsillos traseros del pantalón, cardados con tanta laca que ya los quisiera Yurena o al adolescente de la juventud del Gran Poder mascando chicle como si no hubiera un mañana allí puesto para la foto cuando entregaron el centro en nombre de la corporación —lo de mascar chicle no es ninguna novedad en la corporación. Acérquense hasta la basílica cuando abran las puertas un día cualquiera a ver si les toca el joven que mastica como si rumiase—.

Más íntimas son las otras devociones. En la parroquia de la calle Castilla todo es magnificencia. La Virgen estrenaba la saya con bordados procedentes de la túnica del Nazareno, de las hermanas Antúnez. Y el color del manto es todo un acierto. La primera en pisar Sevilla vive en María Auxiliadora. El altar mayor vuelve a ser el escenario escogido por La Trinidad para que la mirada romántica de Sevilla se encuentre con sus hijos. La belleza de la dolorosa deslumbra más aún cuando se tiene cerca. Y en San Roque, la dulce Virgen de Gracia y Amparo presidía el templo desde este sábado por la mañana. Lástima que la mesa de altar sea fija, porque podría mostrar una estampa distinta, donde pudiera contemplarse desde lejos en plenitud.

Esperanza es también la Virgen del Sol, en el Plantinar, que volvía a su capilla después del triduo en su honor, en cuya parroquia ha presidido el altar mayor. Como es habitual, porta la ráfaga y la media luna bajo sus pies. Una dolorosa que, aunque no tiene la advocación de Esperanza, utiliza toda la iconografía de la Virgen Apocalíptica, como recuerda Carlos Francisco Nogales.  

Este domingo se suma al calendario la Esperanza Reina de los Mártires, en el barrio de El Juncal. Quedará tan solo el día 18 para contemplar a la gloria de San Martín, la Esperanza Divina Enfermera, terminando con las funciones principales el lunes de una semana que nos llevará al nacimiento del Niño Dios.