Ya en anteriores ocasiones habíamos compartido con nuestros lectores la curiosa y extensa historia que la Virgen de la Luz que, apoyada en la documentación hallada y minuciosamente recogida por Juan Aranda Doncel en su obra denominada Lux Mundi y. La religiosidad popular en torno a la Luz – publicada en 2006 – resulta de gran ayuda para conocer y transportarse a la Córdoba de tiempos pretéritos y, con ello, acercarse un poco más a la mencionada imagen, que tanto protagonismo ha retomado desde que la Hermandad del Resucitado decidiese darle de nuevo el lugar que merece tras su relevancia en el seno de la corporación largos años atrás.
Hace unos días recordábamos la llegada de la Santísima Virgen a la Parroquia de Santa Marina, donde su desaparecida cofradía comenzó a vivir un período de gran esplendor que se intensificó aún más durante el segundo tercio del siglo XVIII, lo cual se vio reflejado en la riqueza patrimonial de la corporación, que ya contaba para entonces con una gran cantidad de joyas, insignias y vestidos tanto para la Santísima Virgen como para el Niño. En aquella etapa de gran vitalidad vino reforzada por la hermandad rosariana de Nuestra Señora del Auxilio, constituida en el Hospital de los Santos Mártires Acisclo y Victoria en la feligresía de Santa Marina, que, viéndose abocada a una profunda crisis, cedió un buen número de sus piezas patrimoniales. De este modo, con la suma de la venta se cubrirían tanto las cuentas como las cargas de las misas, propiciando el acuerdo aprobado en el cabildo del 18 de octubre de 1746 que tuvo lugar en la sacristía de la parroquia y que dejó constancia de lo siguiente:
Lo que oído y entendido por dichos hermanos, suplicaron a dicho Sr. Rector solicitase con el Sr. Obispo el que extinguida dicha hermandad se aplicasen sus insignias a la hermandad de el Rosario de Nuestra Señora de la Luz que se sirbe en dicha Parroquia, para que con ellas pague lo que se le debiere a Pedro Baldelomar, hermano mayor último que fue de la de el Auxilio, y se cumplan las misas que estubieren debiendo de los hermanos defuntos.
Siguiendo esa línea de pujanza, en el mes de noviembre de 1750, el entonces Hermano Mayor tomó la determinación de solicitar al provisor un permiso para cerrar el arco del altar de San Pelagio y emplear el espacio conseguido para guardar las valiosas piezas patrimoniales:
Supplico a Vm. Que informado del echo verídico que dexo expresado mande se le confiera a dicha Hermandad este sitio del arco para en él formar una taca en la que se encierren las alaxas y hornamentos de esta Santa Ymagen para que de este modo estén con mexor custodia sin exponerse a que por andar en poder de los Hermanos maiores les acontezca algún robo o al menos que no se tenga con el cuidado y aseo que corresponde, obligándose esta Hermandad a colocar a su costa el lienzo de dicho San Pelaxio con la maior decenzia por cima de la misma taca.
El valor de las posesiones de la Hermandad de Nuestra Señora de la Luz crecían a medida que lo hacía la cantidad de ellas – llegando incluso al punto de solicitar al provisor del obispado en 1757 la prohibición del préstamo de joyas a otras hermandades – debiendo destacar algunas de las insignias empleadas en los rosarios públicos:
[…] a expensas de la limosna de los hermanos maiores, hermanos fieles y devotos que han concurrido con sus limosnas han costeado diferente alajas de crecido precio como son cruz y faroles de plata y un estandarte de terciopelo carmesí con sobre puestos también de plata, todo dirigido a fin de que salga el Rosario, así de noche como de madrugada con el maior culto.
Ocurriría también que a los rosarios que tan a menudo se celebraban por las calles de Santa Marina tanto en domingo como en días festivos se sumaría una ceremonia y una procesión celebradas en la jornada del 2 de febrero – festividad de la Purificación de María – por la mañana y por la tarde respectivamente.
Así, a finales de la década de los 60 del siglo XVIII la cofradía rosariana pasaría a popularizarse de manera indistinta por los nombres de Nuestra Señora de la Luz o Purificación, como demuestra el siguiente informe de hermandades cordobesas redactado en el mes de febrero de 1771:
En la Yglesia Parroquial de Santa Marina ay fundadas 2 cofradías y 2 hermandades aprobadas por el Ordinario. La 2ª [cofradía] con título de Nuestra Señora de la Purificación, su hermano mayor Pedro Bellerín, haze una fiesta de Yglesia y en ella gasta 250 reales todo de limosna.
De conformidad con lo expuesto, se realizaría más tarde, concretamente en 1796, una relación en la que aparece entre las corporaciones asentadas en Santa Marina la “cofradía de Nuestra Señora del Rosario con el título de Purificación o de la Luz establecida en la misma Yglesia Parroquial.
A pesar de la indudable trascendencia de la Virgen de la Luz en la ciudad califal de aquellos tiempos y especialmente en el barrio de Santa Marina que tanta devoción le profesaba, se vería en vuelta en un período de decadencia que vino de la mano de la eliminación de los habituales rosarios callejeros que tanto se habían llevado a la práctica por las calles cordobesas. No obstante y de acuerdo con los distintos contextos históricos que rodeaban la vida de la desaparecida hermandad que en su día rindió culto a la imagen de fray Juan de la Concepción, el transcurso de los acontecimientos aún estaría sujeto a los acontecimientos venideros que, como sabremos más adelante, consiguieron prolongar la vasta trayectoria del fervor a Nuestra Señora de la Luz.





