Restauraciones, martillos y rupturas

Suspira el querubín al recordar las grandes restauraciones que sobre imágenes del jefe se han hecho recientemente, por mucho que a la orilla de la cuesta no estén precisamente contentos y se quejen por quejarse. Suspira por los brindis al sol que algunos hacen con tal de poner palos en ruedas aun cuando se carezca de argumentos a la vista de los magníficos resultados.

Suspiros alados porque sabe que hubo uno que intentó vender a su amigo y dejarlo sin tocar el martillo pretendiendo así quitarle la fe, aunque el tiro acabara saliéndole por la culata. Suspira y resuspira porque sabe que el traidor pisa más el infierno que el cielo y conociendo la profesión de aquel el hecho tiene delito.

Suspira el Ángel escuchando en las alturas por lo que un día se pudo romper y sólo llegó a quebrarse aunque luego volvió a poder romperse sin que la sangre llegara al río. Suspira compungido porque hay quien piensa que a la tercera va la vencida y que si tras el nombre ya no queda nada mejor es cortar amarras con quienes prefieren cruzar el puente.