Cádiz

El ilusionante proyecto de Curro Claros del palio del Huerto de San Fernando, al detalle

La Hermandad de la Oración en el Huerto de San Fernando verá incrementado su patrimonio de sobremanera, merced a la ejecución de un nuevo paso de palio de María Santísima de Gracia y Esperanza.

Un proyecto maravilloso que fue presentado en el Centro de Congresos del municipio gaditano el pasado viernes 29 de octubre, y que ha sido ideado por el contrastado artista Curro Claros, quien ha vuelto a dar testimonio de su buen hacer en el arte de realizar diseños adecuándose a la idiosincrasia de cada hermandad. Este paso de palio será llevado a la realidad por parte del prestigioso taller Orfebrería Sanlúcar.

El diseño de Curro Claros fue presentado en el Centro de Congresos por parte del periodista Fran Cabello, cuya minuciosa descripción reproducimos a continuación.

El llamador toma forma de barquilla con tripulación celestial. Sobre la misma, tres angelitos anuncian la llegada de Madre de Gracia y Esperanza. En sus manos, el ancla de la Esperanza que nos une a la Madre de Dios, recogida entre redes marineras que simbolizan la protección de todo cristiano en el regazo de nuestra madre y señora. El segundo de ellos, toca una caracola, anunciando a sones de “Dios te Salve” que entre las tempestades del tiempo, la vida y el día a día, siempre está Ella y el tercero de los ángeles… el tercero de los ángeles indica, con su mano diestra que Ella es el único y verdadero camino para llegar hasta Él, mientras bajo su brazo porta el salvavidas, símbolo de la protección que nos brinda, cada día, en cada adversidad la madre de Dios. Y esta barca de fe, amor y Esperanza, se alza sobre la cola de un león marino, que quiebra su fuerza ante la magnificencia de María.

A partir de aquí, el paso se divide en dos partes bien diferenciadas, la parte humana y la parte divina. Dos partes intercomunicadas indisolublemente la una con la otra.

Bajo el llamador. Los respiraderos sirven de unión entre la cuadrilla y el capataz, pero también de filtro por donde cuelan las emociones, las oraciones, los sentimientos y las vivencias, siendo pisadas elegidas por Ella para cada tarde de Martes Santo.

El moldurón es una sinfónica de formas cóncavas y convexas, profusamente ornamentadas con hojarascas, siendo las más estrechas, las elegidas para servir de base y, en forma de capiteles valientes para los varales que nos llevarán a la segunda parte de este paso de palio.

De este moldurón, nacen los respiraderos inspirados en los que realizara el insigne Juan Manuel Rodríguez Ojada para el paso de la Macarena, entre otros, siguiendo una línea regionalista. Profusamente bordados, reflejan motivos florales que brotan de jarras que rematan la zona inferior de los mismos. Estas jarras sirven de custodias para medallones especialmente seleccionados, ya que todo en este relicario tiene un sentido. Bordeando los medallones un guiño y una seña inconfundible de identificación con el Señor: unas hojas de olivo de las que nacen tres olivas, a cada lado del medallón. En ellos, nuestro diseñador, ha dejado muestra de tres heráldicas especialmente vinculadas a la hermandad:

En un lateral, el escudo de D. Antonio Ceballos Atienza, quien fuera Obispo en el año 2006, año de la coronación canónica de María Santísima de Gracia y Esperanza. También aparece el escudo de Pío XII, quien fuera Papa en el año 1943, año de la fundación de la hermandad. Para finalizar, el escudo de Benedicto XVI, quien fuera Vicario de Cristo en el año de la coronación de la reina y madre de Gracia y Esperanza.

Cubriendo la penitencia de los costaleros, el infinito y eterno verde del terciopelo más esperancista. Ese verde olivar, con bordados en oro a forma de galones, olivar bajo el que costaleros dedican sus plegarias en forma de esfuerzo, devoción marcada en cada empuje de costal.

Toda una simbología de hojarascas, rocallas y redes, rematada en cada esquina por el ancla de la Esperanza que nos hace aferrarnos a la fe en María. Sobre ese terciopelo, tres medallones enmarcarán tres escenas de la vida de María. Tres medallones que descansarán sobre la espalda de tritones que se rinden ante la Excelsa Virgen María. En uno de sus laterales, uno de los momentos más importantes para el cristiano. Un ángel bajo de los cielos y se presentó ante la virgen María. Dios te Salve, María, llena eres de gracia. El momento de la anunciación del nacimiento de Jesús marcará uno de los pasajes evangélicos de los faldones. En el otro lateral, el momento en el que, guiada por la mano de Dios, María se dirige a visitar a la prima Isabel y se nos regala la mejor de las oraciones que tenemos los hijos de Dios para nuestra queridísima madre: el Magníficat. Orlado en ese lateral, encontraremos la visitación de María a Su prima Isabel.

Y para el frontal queda el momento en el que al final de Su vida terrenal, María sube a los cielos en cuerpo y alma, dogma de fe, promulgado por el Papa Pío XII en el año 1950.

Para finalizar esta primera parte, la parte que une el cielo y la tierra, el mar y la inmensidad de ese trocito celestial que pisa la madre de Dios, cuatro detalles que no dejarán indiferente a nadie.

Las cuatro maniguetas estarán realizadas en plata, cargadas de simbología marinera y esperancista, finalizan la parte terrenal del paso. Con forma estilizada, a la par que dinámica por las curvas que las conforman, el diseñador propone unas maniquetas que recuerdan al mascarón de proa de los grandes navíos que surcaban el Atlántico en épocas pasadas. Partiendo de un borlón que cuelga desde su exterior, una maroma recorre la totalidad de la maniqueta, rodeándola para terminar uniéndola al moldurón con tres fuertes vueltas que nos recuerdan la firmeza de la Esperanza. Motivos vegetales decoran las piezas, dejando una rocaya en la parte superior de la pieza.

En la parte divina, por encima de los respiraderos, como salvas al cielo, nacen 12 varales, a 6 por estribor y 6 por babor de este navío que surcará las calles isleñas de San Fernando. 12 salvas sobre un basamento de formas octogonales que, tras un estilizado paso, dan paso a cuatro conchas marinas, representación indiscutible de la unión con el mar y simbología cristiana en referencia a la madre de Dios como primer sagrario.

Sobre ellas se alzan querubines alados que soportan la estructura cóncava hexagonal donde un broche, custodiado por guirnaldas, representa el rostro de cada uno de los discípulos de Jesús, realizados en madera de limón. Dicha pieza, profusamente labrada, se finaliza rematada por cuatro perillas, para dar paso a una nueva macolla sobre la que se posan dragones marinos, los cuales, soportan el peso de los cañones, ornamentados con motivos florales, querubines y hojarascas que dan paso a nuevas guirnaldas con motivos de olivas verdes, en piedras primorosas engastadas sobre broches, en indisoluble unión a Jesús orando en el Huerto.

Siguiendo los mismos detalles ornamentales, sigue su camino celestial cada uno de los varales, siendo también decorados con hojas de palmas y olivo, en clara referencia a la heráldica de la hermandad para concluir en perillas soportadas por caballitos de mar y coronada por cañaillas en referencia inequívoca a la ciudad isleña, por la abundancia de esta especie en el entorno.

Entre estas salvas que son los 12 varales, nacen jarras de diseño portentoso a la vez que fino y estudiado. Desde una planta octogonal, nace el pie de estas jarras diferenciando sus caras nacen 4 basamentos para 4 portentosas perillas, que a forma de protectoras, escoltan un nuevo alzado estrecho del que nacen dos guirnaldas que circundan la parte baja de la misma, encontrándose en dos broches. De las mismas, surgen el vaso inferior, donde nacen las asideras de las mismas que, nuevamente y en eterna unión con el mar y la mitología, tienen forma de tritones alados. Los mismos, agachan su cabeza en señal de respeto y pleitesía a la reina y madre de Gracia y Esperanza. En la parte intermedia de la jarra, una concha en clara representación alegórica hacia el primer sagrario y la vinculación estrecha de esta tierra con el mar. En la parte superior de la misma, en confluencia con las alas de los tritones, un nuevo broche con piedra de color verde esperanza y recordatorio del Señor y da paso a la parte alta de la jarra donde se cierra con un nuevo nudo, dando paso a la boca de la misma, estando la jarra profusamente labrada en dibujos vegetales.

La parte frontal del paso es la encargada de dar luz al bello rostro de María. En la misma, portentosos candelabros que, a semejanza de la función que tenían en los palacios reales, cumplen la función de iluminar, de una forma especial, las instancias de los reyes y el caminar de la reina cada martes santo.

Las contracurvas utilizadas en los mismos, hacen que el candelabro sea una pieza muy esbelta, estando cargado de ornamentación y simbología unidas a la hermandad.

Piezas de tres pies, cuyos soportes son leones marinos que, sobre su cola alzada, soportan el peso de la estructura. Entre ambos, un medallón que custodia un óvalo en el que se refleja el ancla de la Esperanza.

Tras una nueva macolla, en forma octogonal, se eleva una nueva sección del candelabro, de forma estilizada, en la que se utilizan hojarascas alzadas para dar paso a una nueva sección cóncava, donde vuelve a aparecer broches que sujetan guirnaldas que rodean la pieza en cuestión.

De la parte superior del candelabro, que se sustenta sobre grandes conchas marinas, sobre platillo profusamente decorado, surge la parte fundamental de la pieza: el mechero que sustentará los cirios encargados de dar luz en la estación de penitencia a la madre de Gracia y Esperanza. Dicha pieza, a la par que robusta, está decorada con hojarascas ascendentes, dejando totalmente libre la boca en el que se encajará el cirio.

Siguiendo el discurso del paso, en su parte posterior, encontramos los candelabros de cola. Sobre un basamento octogonal de dos plantas cóncavas y convexas, sobre la que se apoya un broche con piedra en color verde, se elevan dos portentosos tritones entrecruzados, los cuales sujetan sobre sus espaldas el nacimiento de los brazos principales. Brazos que se dejan caer en formas espirales cual olas del mar, para caer a la parte más baja del manto. Otro de los brazos principales, se eleva al cielo, buscando la cercanía a la bambalina trasera del palio, realizando diferentes giros hasta terminar en tulipas sustentadas sobre base de conchas marinas y rematadas por coronas de ornamentos florales.

Curro Claros, en sus ganas y decisión de buscar el mejor de los joyeros para la madre de Gracia y Esperanza, siguiendo los diseños clásicos, cuida cada uno de los detalles para hacer especial cada una de las piezas que componen este relicario. Para ello, hace que los candelabros de cola estén compuestos por tantos guardabrisas como días duran el adviento, fecha en la que se celebra la festividad de la Esperanza.

Antes de ascender al palio, nos detenemos en aquella pieza encargada de ensalzar a María en Su paso procesional: la peana.

Sobre dos plantas ascendentes, de líneas rectas, un canasto de formas cóncavas y valientes dimensiones, se eleva con moldurones que marcan las diferentes caras de las mismas. En la parte frontal, una gran cartela que parte de una concha central. De la misma, surge una gran fuente sobre la que se levantan florales, representando la pureza de la virgen. En su parte central, una frase recorre toda la cartela: “Dios te salve María, llena eres de gracia”. Frase que le dedicara el ángel Gabriel y que se convertiría en oración para todos los cristianos. Toda la peana está profusamente labrada con motivos vegetales.

Antes de terminar la peana, conviene destacar que el diseñador, teniendo presente reminiscencias de la anterior peana, inserta las cabezas de querubines alados en los laterales de la cartela central.

De igual forma, mantiene los dos ángeles custodios que portaban las reliquias. Piezas que ya existían y que se integran, de forma natural, en el nuevo paso.

En este caminar por el diseño realizado por Curro Claros, llegamos a la última pieza que completará el joyero que acogerá a la reina y madre de Gracia y Esperanza, en unión a la presea de coronación y manto ya existentes.

En este sueño marinero, Claros imagina una combinación entre el terciopelo verde de esperanza y la malla que componen las redes de las barquillas que jalonan el mar cuando los primeros rayos de sol bañan San Fernando en el despertar de cada nuevo día. Una combinación precisa de terciopelo y malla sirven de base para un equilibrado bordado.

La bambalina frontal está dividida en tres calles bien diferenciadas. La parte superior cuenta con crestería bordada que lo dota de más altura. Las dos calles laterales enmarcan con dos hojarascas nuevas conchas que hacen su caminar hacia guirnaldas rodeadas de malla y realizadas en hilo de seda. El bordado sigue su caminar hacia la parte inferior, donde nuevos bordados, en forma simulada de anclas, sujetan las morilleras que completan la bambalina, dotándola de un movimiento sin igual.

En la calle central, coronando el frontal, el diseñador realiza el escudo de la corporación enmarcado en un medallón del que cuelga una nueva guirnalda de mayor tamaño que las otras.

En el repertorio de bordados, podemos encontrar nuevamente reflejadas las olivas en clara unión con la corporación nazarena.

En el interior de las bambalinas delantera y trasera, todo el bordado gira en torno a dos cartelas centrales en la que rezan las frases “Gratia plena” y “Spes nostra”.

Las bambalinas laterales siguen el mismo discurso en el bordado utilizado en todo el conjunto. En su interior, se representan las antífonas de la virgen en perfecto hermanamiento con los varales que sustentan el palio, a excepción de los varales exteriores, encargados de limitar las dimensiones del palio.

Como es bien sabido, las antífonas de María son siete. Por ello, el diseñador acude a una solución para completar los ocho varales. Para completar el discurso iconográfico, Curro Claros recurre al “Ero cras”, representando la estrella que marcó el camino hasta el portal de Belén, en clara referencia al tiempo en el que se celebra la festividad de la Esperanza, a la par que representa a la madre como guía en nuestro día a día.

Para rematar la obra, el techo del palio, tratándose de una pieza única, en la que un broche central es rodeado por malla, dejando una clara diferenciación del resto del techo. En el mismo queda enmarcada la gloria del palio, lugar donde se representará la anunciación a María.

Todo el techo estará cargado de detalles florales, jarras y no exento de simbología, pues en toda la pieza se reflejan doce conchas, representando la protección de María sobre las 12 tribus de Israel.

Texto de la descripción: Fran Cabello (presentación del proyecto)