El pasado que se fue para no regresar jamás

De vez en cuando me gusta coger un libro, abrirlo y observar cómo el tiempo ha pasado por nosotros dejando huella. Hace unos días, no muchos, cogí uno que tenía por casa. Aproveché el calor inaguantable de la calle y me puse bajo las órdenes del ventilador. Lo cubrían unas motas de polvo que limpié con cariño. Era un libro que quizá lo comprarían mis padres en su juventud, es decir, hace unos cuantos de años. Era de Semana Santa, claro está. Después de unas cuantas páginas pasadas en las que solo aparecían dedicatorias a una innumerable cantidad de personas, llegué a la portada del primer capítulo. Un dibujo de Hojarasca y en el que a pie de foto posaba el nombre de Fray Ricardo de Córdoba.

Un maravilloso viaje al antiel que no pude acabar de leer en una sola tarde. Maravillado por las masivas curiosidades que vislumbré de nuestro ayer, caí en la cuenta de que como decía antes, el tiempo había pasado por nosotros dejando huella. Con la vista cansada, pero con la voluntad repleta de curiosidad intente buscar algún vídeo que me mostrara las hermandades de antaño y así, acabara durmiéndome. Eran cientos los detalles, los exornos florales, las bandas, las cuadrillas de costaleros, los cortejos, etcétera. Detalles muchos que por nuestra mala cabeza hemos perdido. No solo en simbología, sino, en patrimonio musical por ejemplo. Se escuchaban marchas del estilo de Córdoba Cofrade, una gran desaparecida de nuestras respectivas bandas. Parece que ahora queremos olvidar hasta lo que es nuestro llegando hasta el punto tacharlo de malo.

Imágenes como María Santísima de la Candelaria, con el palio sin bordar, sonando detrás de ella » Pasan los Campanilleros » o » Encarnación Coronada » con un andar alegre y sugerente. Cambios de estilos en el adorno floral o en los pasos procesionales de nuestros titulares, como es el caso del Rescatado con su antiguo paso, llevado a ruedas. Casualidades por la prestación de enseres en las hermandades como es el caso de la Hermandad Soledad con los cuatro faroles que el Domingo de Ramos eran punto de luz de Nuestro Padre Jesús en la Oración en el Huerto, a su paso por la corredera. La antigua talla de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, conocido también como “el Negro», sobre un paso de caoba, que por lo escuchado no era nada fácil de llevar o los recuerdos de Juan Martínez Cerrillo en el paso de guadamecís de Nuestro padre Jesús de las Penas. Sin ir tampoco muy lejos y también hablando de Juan Martínez Cerrillo, podemos hablar de las antiguas andas de Nuestro Padre Jesús en la Entrada Triunfal, destinadas a La Carlota. Y de apertura a cierre, El antiguo señor Resucitado saliendo de la catedral después de realizar estación de penitencia.

Siendo de manera singular tanto en formas de vestir como en patrimonio en el caso de las obras marianas. La antigua dolorosa de la Reina de los Ángeles, la que hoy en día sale por mediados de mayo por la hermandad del Císter, siendo una bellísima dolorosa que procesionaba la tarde del Martes Santo saliendo del convento del Císter. Vestimentas en las cuales las tallas se disponían con los polleros muy abiertos y unos llamativos tocados inconfundibles. El antiguo palio de la Virgen de las Angustias llevando a la Madre de Dios salesiana, con un manto que poseía de manera central el escudo de la ciudad adquirido a la misma hermandad. Imágenes como la de Antonio Sáez, Ignacio Torronteras y Rafael Muñoz al frente de la primitiva cuadrilla de costaleros de la Cofradía de Expiración. Palios donde lo normal era que fueran ochavados como el de María Santísima del Amor por ejemplo.

Una peculiar tarde la que pasé en el ayer de nuestras Hermandades y Cofradías, las cuales, pasaban por una Carrera Oficial que acababa en Cruz Conde. Rememoraba muchos momentos y opinaba que muchos de los cambios que sufrimos fueron a mejor, aunque algunos deberían de volver a repetirse teniendo así, un sello propio. De tal forma, la vuelta de marchas propias de la Semana Santa cordobesa y que no encuentran copia alguna. Una pena, por tanto, que perdamos el sello propio de nuestra ciudad marcado por nuevas modas de la ciudad de al lado.