El Sepulcro aprueba modificar el título de la hermandad y reducir los mandatos

La hermandad del Sepulcro ha aprobado en Cabildo Extraordinario, celebrado en la antigua sacristía de la Parroquia de El Salvador y Santo Domingo de Silos, la modificación del Título Oficial de la corporación incluyendo en el mismo la denominación “Muy Antigua”. El motivo esgrimido por la Junta de Gobierno que preside Enrique León es ser coherente con la antigüedad de la hermandad, fechada en 1573.

Adicionalmente, se aprobó la reducción de los mandatos de cuatro años a tres, de tal modo que un hermano mayor y la junta de gobierno que le acompañe, puedan plantearse el desarrollo de un proyecto bajo el prisma de este horizonte temporal, más asequible, en opinión de los hermanos del Sepulcro que ocho años. Además, se aprobó el texto reformado de los Estatutos de la Hermandad, con el objetivo de adaptarlos al derecho particular de la Diócesis de Córdoba (normativa Complementaria Diocesana.

Cabe recordar que fue en febrero de 2008 cuando el Vicario General de la Diócesis, Mario Iceta, y el Delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, Pedro Soldado presentaban la Normativa Complementaria al Estatuto Marco de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Córdoba, en una concurrida rueda de prensa celebrada en la sede del Obispado de Córdoba. El Vicario General de la Diócesis, Mario Iceta, ha señalado durante la presentación, los principales puntos recogidos en la Normativa complementaria.

Tal y como explica la propia hermandad, al repasar su historia, los orígenes efectivos de la corporación se sitúan en el último tercio del siglo XVI, ligada a los carmelitas hasta la exclaustración de 1835. Es durante la estancia del convento del Carmen en la ermita de la Vera Cruz se produce el nacimiento de la cofradía penitencial del Santo Sepulcro, pese a que las primitivas reglas son aprobadas el 5 de marzo de 1573, si bien la cofradía ya se encontraba erigida con anterioridad. La hermandad del Santo Sepulcro cobra un fuerte impulso a lo largo del último cuarto del siglo XVI. A raíz del traslado de los carmelitas a Puerta Nueva se hace necesario la construcción de una nueva iglesia cuyas obras se realizan a finales del siglo XVI. A lo largo del primer tercio del siglo XVII las hermandades de Nuestra Señora del Carmen y San Gregorio, establecidas en el templo conventual de Puerta Nueva están unidas a la del Sepulcro.

A pesar de que el reglamento de 1820 favorece a la cofradía del Sepulcro al establecer como única procesión la del Santo Entierro, la supresión de las estaciones de penitencia de Semana Santa en nuestra ciudad provoca el aletargamiento de la hermandad. Esta crítica situación se agravará en agosto de 1835 con la mencionada exclaustración de los carmelitas calzados. Las imágenes de la Cofradía del Santo Sepulcro, a raíz de la recuperación de la procesión del Santo Entierro por el ayuntamiento a mediados del siglo XIX, son trasladadas a la parroquia del Salvador y Santo Domingo de Silos, donde los escribanos públicos dan culto a la titular de la hermandad de Nuestra Señora de la Concepción fundada en 1937. El colegio de escribanos acompaña corporativamente el paso del Sepulcro en la procesión oficial del Santo Entierro hasta 1862, año en el que surgen un conflicto con el clero por cuestiones de protocolo. A partir de 1864 el Santo Sepulcro irá acompañado de su ilustre hermandad en la procesión oficial del Viernes Santo. Sin embargo, a finales de este siglo se deja de mencionar la presencia de los miembros de la cofradía en las fuentes documentales, lo que hace pensar en que la cofradía hubiese desaparecido.

A comienzos del siglo XX tiene lugar la reorganización de la hermandad del Santo Sepulcro, cuyos miembros acompañan al paso del titular en la Semana Santa de 1910, si bien en la década de los años veinte desaparece. Durante la II República hay intentos por parte de Juan Serrano Rosas de reorganizar la cofradía. El trabajo dará sus frutos en 1935, año en el que los miembros de la hermandad participan en la procesión del Santo Entierro. A partir de 1937 la cofradía adquiere una gran vitalidad. A finales de los cuarenta aparecen síntomas de crisis, pero la cofradía resurge en los años inmediatos durante la etapa de gobierno de José Montero Tirado. Sin embargo, en la década siguiente entra en una fase de postración, al igual que un buen número de hermandades penitenciales, que culmina en enero de 1973 con su disolución. La iniciativa de un grupo de jóvenes estudiantes posibilita la reorganización de la cofradía en marzo de 1973, siendo aprobados sus estatutos en ese mismo año por monseñor Cirarda Lachiondo, experimentando en las últimas décadas un crecimiento que ha llevado a la hermandad hasta nuestros días.