El sol ante la Amargura

Aunque parezca una tradición de siglos, apenas alcanza el medio siglo de vida. Sucede poco antes de que el otoño vista las calles. En la tarde del 19 de septiembre, un rayo de luz penetra por una ventana de la iglesia de San Juan de la Palma, sede de la corporación de la Amargura y va iluminando poco a poco las manos de la Virgen, posteriormente el rostro y termina por perderse en la corona de la dolorosa.

La Virgen de la Amargura fue trasladada al camarín del altar a principios de la década de los sesenta del pasado siglo. Antonio Rivero, capiller de la corporación, cayó en la cuenta de que el rostro de la Virgen se iluminaba el día de San Genaro. Exactamente a las 19:35 h. se produce el acontecimiento que cada año congrega a más fotógrafos y curiosos. Hasta que se comenzó a informar de este fenómeno, pocos eran quienes, en medio del silencio blanco, contemplaban una escena que duraba solo unos instantes. Hoy en día, ya a las 19:00 h. podemos encontrar un buen número de cofrades esperando que se obre este milagro.

Como si de una ecuación matemática se tratase. El sol perdiéndose por los altos hornos de la Cartuja, termina colándose en la parroquia de San Juan Bautista. Hoy podremos contemplar el minuto exacto. Tras iluminar su rostro, filigranas de oro se perderán poco a poco en la presea que descansa sobre sus sienes. En Nápoles, la sangre de San Genaro se vuelve líquida. En San Juan de la Palma, el sol corona la imagen de la Amargura.