Suspira el querubín por ese grupo selecto de cofrades a los que se les pone la mirada de Michael Corleone cuando Kay Adams le dijo que no tuvo a su tercer hijo a conciencia. Pero sabe el alado que son sus versiones de gasolinera y que alguno más que expresividad en los ojos tiene espirituosidad.
Susurra el serafín el nombre que les ha dado, en vez de Michael Corleone los llama los Miguelito Puerto Urraco que son más de aquí. Y uno de esos miguelitos se siente traicionado por los que fueron sus palmeros en los tablaos cofrades y ahora quiere sacarlos a bailar poniéndoles como señuelo el nombre de bandas muy flamencas, para que se le quite esa cara de Viernes Santo a él y a ellos.
Suspira el Ángel por una banda llena de miguelitos que quisieron coger una cofradía con más ahínco que Luca Brasi cuando quería agradar a Don Vito en la boda de Connie. Pero aunque se creían Johnny Fontane, no van a cantar en Las Vegas ni aunque los llamen para hacer de Ben Sanderson en un remake de Leaving Las Vegas





