El Suspiro del Ángel | Dimite tú, no, dimito yo

Suspira el querubín porque la Semana Santa ha empezado más fuerte que una eliminatoria entre el Atlético y el Barça o que un derby entre el Betis y el Sevilla. Han atacado sin complejos unos y otros se han dedicado a dar patadas a diestro y siniestro y un entrenador se ha quedado más tocado que cuando a algún medio le llega la noticia de un estreno de Pakistán.

Susurra el serafín el nombre de un evangelista que se habría quedado fuera de canon y se ha puesto más triste que los costaleros de La Macarena que recibieron la llamada del adiós o como a los de Triana a los que no les dieron el año de gracia, como aquellas convocatorias especiales que se repartían graciosamente en las facultades, como un semiindulto para que no te fueras y siguieras pagando la matrícula.

Suspira el Ángel porque dicen que un capataz ya no puede más. Susurra que puede tanto como su cuadrilla, que iba pidiendo la hora desde que salió y a él no le llegaba el evangelio al cuello. Susurra que estaba más agobiado que Manolo Villanueva cuando le preguntaron que cómo se imaginaba el cielo. Y de pensarlo ha mirado al ángel y le ha dicho que va a dimitir, aunque lo mismo ya lo ha hecho.