El viejo costal | Los tiempos modernos

Los tiempos cambian que son una barbaridad, en todas las facetas de nuestro entorno, apenas hace unos años nadie podría pensar que todo lo que nos rodea sea una realidad que ha ido poco a poco colándose en nuestras vidas, cambiándolas y nosotros casi sin darnos cuenta.

Este pasado fin de semana dando un paseo por el centro de nuestra ciudad, con un apreciado grupo de amigos, casi todos de fuera de nuestra comunidad, nos dimos de frete con un ensayo de costaleros, en pleno centro, en la calle Cruz Conde. Allí me preguntaron mil y una cosas de lo que forma el trabajo del costalero, sobre la ropa, sobre el paso, en este caso un palio.

Mientras iba contestando a cada pregunta mi cabeza estaba distante y andaba yo pensando que hay que ver cómo evolucionan los tiempos, como cambia todo en cada época, y recordaba aquellos ensayos del principio de la década de los ochenta, primero impensable que fuese a media tarde, siempre la hora de quedar estaba sobre las nueve de la noche, hacer la ropa, igualada rápida, y esperar la primera llamada, el pie a la calle sobre las diez o diez y media, recorrido siempre discreto, calles las que menos coches pasen, que no nos vean mucho, solo los vecinos que a los toque del «casete» abren discretamente las cortinas y a un solo ojo miran a ver quién está haciendo ruido en la calle, que no tanto el ensayo.

Alguna pareja distraída y de tardío regreso, que se paraba y dejaba pasar la mesa de ensayo, abrazados sobre la pared, esperando que el andar del paso le dejase la misma intimidad que ya traían, silencio y soledad podría ser la tónica general de aquellos ensayos.

El día siguiente, me sucedió exactamente los mismo, pero con mucha más gente en torno a un ensayo, al mediodía, en la misma plaza de las Tendillas, en este caso un paso de Cristo, rodeados de costaleros, novias, cofrades, extranjeros y mil curiosos más, y yo seguía dándole vueltas a mi cabeza, llegara el momento en que estas cosas tan al público terminen haciendo más daño que bien, no por los cofrades, que somos insaciables de pasos y de ensayos, si no por el público agnóstico que entienden que la calle es más suya que nuestra, y es que tanta calle y tanto mostrar los pasos sin la defensa de una gualdrapa, sin imagen, sin nada de flor, con tanta desnudez, creo que nos hace más daño que bien.

Las cosas cambian en los tiempos modernos, la modernidad es la que lo puede todo, si no lo creen miren el Pregón de nuestra Semana Santa, ha regresado con el horario algo cambiado al Domingo de Pasión, creo que la última vez fue en el año mil novecientos ochenta y seis, puedo estar equivocado, pero creo que fue ese año, y de golpe hemos regresado a la década que al inicio yo señalaba, algún día espero que también regresen los ensayos a la discreta oscuridad de la noche, a las discretas calles donde no nos ven nada más que los ojos desde la ventanas, a la música conseguida a través de una altavoz conectado a un móvil que desde una interminable lista aporta toda las marchas que seas capaz de imaginar.

La calle es buena para nuestros pasos, pero dentro de una medida, la discreción de nuestros pasos también es buena para nuestras calles, tanto exceso, tanta exhibición lo único que consigue es saturar al público general.

Y es que los tiempos modernos nos van ganando el terreno, nos van enseñando cosas, que creo que no siempre son buenas, pero que avanzan que son una barbaridad.