Encomendados a la Virgen de la Fuensanta

Ha vuelto a suceder como viene ocurriendo en la ciudad de San Rafael, que hoy es más que nunca la ciudad de la Virgen de la Fuensanta, cada 7 de septiembre. Los cofrades cordobeses han vuelto a acudir incondicionalmente a la llamada de la Madre de Dios para peregrinar junto a Ella desde el primer templo de la Diócesis, el corazón de la religiosidad de la Córdoba cristiana, hasta su hogar en el Santuario donde habita 364 días al año. Una presencia que no se ha visto acompañada por una afluencia masiva de público sin que pueda ser achacada esta carencia a las temperaturas que, si bien otros años hicieron sus estragos, en esta ocasión han sido bastante más benevolentes. Habrá quien diga que hubo una gran presencia de público, esos que se conforman con cualquier cosa. Otros pensamos que algo falla cuando es la Co-patrona de Córdoba y Patrona de las cofradías la que se pone en la calle y no están las calles a reventar como ocurre con ejemplos similares que se dan, incluso en fechas más complicadas meteorológicamente hablando, en otras latitudes. Y antes de sacar a relucir la historia y la tradición, repasen la que acompaña a la Virgen de la Fuensanta.

Los cofrades que han participado en la procesión han estado a la altura, acompañando a su Patrona por cientos. Generalizando, el resto de la Córdoba Cofrade en cambio, la que devora vídeos y marchas hasta en la orilla de la playa, conoce de memoria el nombre de los pasos que conforman las coreografías de los misterios más espectaculares o el título y el compositor de las marchas más novedosas de las bandas más punteras, ha vuelto a fallar. No se puede catalogar de una presencia masiva alrededor de la Virgen de la Fuensanta, lo que Córdoba ha vivido esta tarde noche de septiembre. Media entrada, diría un taurino y gracias.

Y eso que el problema comienza a ser de muy difícil diagnóstico, porque los esfuerzos por dotar a esta procesión de la importancia debida son dignos de mención y es de justicia que sean reconocidos. Desde aquel impresentable paso en el que entronizaron a la Virgen, a la imagen de la Fuensanta en este magnífico templete con todos los elementos añadidos que componen un conjunto, aun con muchos detalles por concluir, que terminará siendo excelente, media un abismo desde el punto de vista estético.

Tampoco la presencia de la Banda del Maestro Tejera, cuya categoría está fuera de toda duda y cuya presencia tras la Patrona es un auténtico lujo, parece ser suficiente para que la Virgen camine, como debería, entre una marea de fieles camino de su barrio. Puede que si en lugar de salir en procesión un día laborable lo hiciese el día 8 (festivo), el resultado fuese otro, pero, sinceramente, empiezo a albergar dudas al respecto. Con franqueza, puestos en el lugar de quienes organizan esta procesión, alguno debe pensar que ya no sabe lo que hacer para que la respuesta del respetable sea otra muy distinta, la que merece una devoción que entronca con la esencia más profunda de una ciudad que parece haber olvidado sus más íntimas tradiciones.

Desde el punto de vista formal, la procesión en cambio debe ser calificada en positivo. La primera cita marcada en rojo en el calendario del curso recién inaugurado fue un alarde de buen hacer, sobriedad y elegancia, en particular por parte de la cuadrilla costalera que mandaba con buen criterio Felix Pelayo, al compás inconfundible e inigualable de la banda sevillana que dejó buenas dosis de su contrastada e incuestionable calidad cada vez que la granadera mutaba en marcha procesional. Los momentos de mayor intensidad, tal vez se vivieron en la Calle Cardenal González, curiosamente (o no) la parte del itinerario con mayor presencia de público y otros instantes de gran belleza tuvieron lugar, además de los metros recorridos en el interior de la Catedral, cuyo impagable escenario es toda una garantía para el deleite visual, en lugares emblemáticos como la Plaza del Potro.

El nutrido cortejo volvió a carecer de la representación del equipo de gobierno municipal -solamente hicieron acto de presencia concejales del Partido Popular-, en una nueva prueba de la ignorancia y el desprecio con el que algunos se desenvuelven, incapaces de comprender que defender un estado laico nada tiene que ver con representar a la ciudad en los eventos importantes – en todos, no sólo cuando llega el Carnaval o el Ramadán – y que menosprecian sistemáticamente a esa parte de la sociedad, minoritaria o no, que está compuesta por los católicos y los cofrades, que son ciudadanos con los mismos derechos que el resto de cordobeses y a los que determinados partidos ningunean condenándoles a no existir. Por cierto que una presencia masiva de público hubiese venido como anillo al dedo para exigir luego ciertas cosas a quienes tanto desprecian a las cofradías… habrá que esperar a la próxima ocasión.

La llegada de la Virgen de la Fuensanta a su Santuario, a su barrio, puso punto y seguido a una intensa noche cofrade a orillas del Guadalquivir. Prometedor comienzo de un curso que está llamado a consolidar el traslado de la carrera oficial al entorno del primer templo de la ciudad, más allá de comportamientos cristianófobos y propuestas y excusas de cara a la galería, remedando esos referéndums que ahora están tan tristemente de moda y que algunos políticos recalcitrantes quieren importar para seguir potenciando su persecución a todo lo que huele a incienso y de paso, arañar un puñado de votos a ver si entre una cosa y otra logran evitar su propia desaparición. Esperemos que los cofrades, encomendados una vez más a la Virgen de la Fuensanta en desagravio de las ofensas recibidas, como ocurriese en 1808, sean capaces de poner lo que hay que poner encima de la mesa para evitarlo. Nos va mucho en en el embate.