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El Capirote, Opinión, Sevilla

La debacle

Si las posiciones defendidas en la cuestión del Martes Santo estuvieran representadas en nuestros políticos, seguramente los telediarios abrieran con un enfrentamiento que, lejos de llegar a entenderse, da pistas de un encontronazo que se mantendrá en el tiempo. Frente a los que se erigen como defensores de que el Martes Santo vuelva a repetir el experimento del año pasado, aparece un Consejo cada vez más debilitado al no poder hacer frente a una jornada que parecía dar cerrojazo al asunto una vez terminase la Semana Santa del año pasado.

La situación más que dulcificarse está a punto de convertirse en un tema que puede acarrear más problemas que aportar soluciones. Ni el Consejo está dispuesto a dar marcha atrás ni tampoco los hermanos mayores estarían dispuestos a valorar nuevos planes. Sobre todo si el que se presenta es tan inviable como el que han mostrado en estos últimos días. Tan fácil como coger un reloj y contabilizar si es posible que algunos cortejos aceleren tanto que su desfile sería más bien una maratón que otra cosa.

Por encima de la problemática existente gana peso la idea de que el Consejo no está dando un golpe en la mesa y está mostrando una debilidad que parece heredada del anterior mandato. Y por más que en San Gregorio se esfuercen por confeccionar un Martes Santo que comience en la Campana y logre el discurrir de ambos bandos por el mismo camino, todo parece indicar que cada paso que se está dando está provocando el efecto contrario.

Pasado el ecuador de febrero, a menos de dos meses del inicio de la Semana Santa, los polos se repelen hasta tal punto que ya hay quien piensa que la solución estaría, in extremis, en que el arzobispado mediase para encontrar una solución. Esta, dicho sea de paso, va tomando forma hasta tal punto que trasciende del ámbito meramente institucional, siendo tema de conversación en tertulias y demás encuentros que ven cómo, semana tras semana, la situación no parece dar signos de mejoría.

En esta tesitura, al Consejo no le quedaría otro camino que llamar a las puertas del arzobispado para que pudiera mediar en dicho asunto. Sin embargo, dentro del mismo Consejo emergen también las divisiones, que consiguen una desventaja frente al núcleo de hermanos mayores que van todos a una. Por una parte están quienes opinan que llamar a las puertas del arzobispo supondría no haber podido hacer frente por sí solos a la problemática existente, lo que generaría una debilidad palpable. Por otra, aquellos que se agarran como única opción posible. Incluso balbucea un sector que sería mejor que el Martes Santo volviera a repetir la propuesta que se materializó el año pasado y que se comenzase a trabajar en una nueva propuesta para el próximo año. ¿Quién ganará la partida?

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