La decadencia (IV)

Durante estos días no pocas hermandades han realizado su triduo a Jesús Sacramentado. Incluso dos hermandades sacramentales puras, como la de San Ildefonso y San Pedro, celebraron su procesión anual el domingo anterior al pasado, dejando estampas en la retina tan bellas como la primera a su paso por San Esteban o la segunda, con su custodia, ante el convento de las Hermanas de la Cruz. En ambos acontecimientos la asistencia de público ha sido más que escasa, insuficiente. Bastaba darse una vuelta, por ejemplo, por las calles aledañas a San Ildefonso para comprobar la afluencia de personas que asistían al encuentro con Dios. Esto también podía comprobarse en las otras procesiones sacramentales como la de San Gonzalo, San Julián, San Nicolás o el Cerro del Águila.

Si bien es cierto que gran parte de las hermandades sacramentales han sobrevivido gracias a la fusión de estas con las de penitencia, también tenemos que señalar que algunas de las cofradías han relegado el aspecto sacramental a un segundo plano, reduciéndolas a una serie de actos y cultos al año. Esta es una idea que suele dividir a quienes conocen el mundo de las hermandades y que incluso levanta suspicacias entre defensores y detractores. Si ya algunas sufrieron aquella interpretación unilateral del concilio Vaticano II restringiendo la Eucaristía al momento de la celebración – hiriendo el aspecto relativo a la adoración del Santísimo –, posteriormente se han ido encontrando con más trabas en el camino.

En cambio, un núcleo importante de los mismos suele coincidir a la hora de destacar hermandades que cuidan el carácter sacramental al detalle. Es el caso de San Isidoro. Que su procesión eucarística coincida con otras de larga tradición como la de la Magdalena o Triana, hace que la de San Isidoro pase más desapercibida. Sin embargo, cada vez que tengo ocasión me acerco para contemplar la medida exacta del buen hacer. La hermandad de la Costanilla es un ejemplo de lo que aquí exponemos. Y no solamente de puertas hacia adentro, sino también hacia el exterior. Recuerdo la exposición que bajo el título “San Isidoro, el presente de una tradición” tuvo lugar durante la séptima edición de Círculo de Pasión, en el Círculo Mercantil, a finales de enero de 2013. Dividida en dos salas, una de ellas se centraba en el carácter penitencial, mientras que la otra señalaba la vertiente sacramental con enseres como la custodia del Corpus, el simpecado, o el libro de reglas sacramental del año 1526 – el más antiguo de las sacramentales de Sevilla –, entre otros. Incluso otros pequeños detalles podemos anotar. La página web de la hermandad divide precisamente su patrimonio en estos dos apartados, pudiendo apreciar la riqueza de los enseres que posee. Sin embargo, estas consideraciones se convierten en aspectos que pasan a un segundo plano cuando observamos las conferencias o diversos actos que la hermandad del Viernes Santo celebra remarcando su carácter sacramental, incrementando el culto e interés hacia Jesús Sacramentado.

A pesar de ello, no todas potencian su condición de sacramental de igual modo. Y lo que es peor, el pueblo no se muestra especialmente proclive a asistir a estos actos y participar en ellos. La presencia de fieles no solamente al paso de una procesión sino dentro de las filas de las corporaciones es, más que importante, vital. A las conocidas como sacramentales históricas, que vienen a estar compuestas por cinco, se les sumó en los años treinta la sacramental de la parroquia de Corpus Christi y, a finales de los años sesenta, la que tiene su sede en la parroquia del Santísimo Redentor. No obstante, a pesar de que se trate de hermandades más jóvenes, comparten con aquellas más semejanzas que aspectos que las sitúan en polos opuestos. Por ejemplo, en la nómina de hermanos. Suelen rondar la centena; algunas incluso se encuentran por debajo de las tres cifras. Y más llamativo aún es que gran parte de los que conforman estas listas sean personas de avanzada edad, por lo que los números mermarán en un futuro.

Sin embargo, ahí siguen. En San Ildefonso, por ejemplo, tardarán años en que su custodia salga totalmente terminada. Lo que a otras hermandades les tardaría un año para ellos se prolongará más de un lustro. Pero ahí están. Esforzándose cada año para mostrar a Sevilla que, a pesar de las vicisitudes y los malos tiempos para las sacramentales, Dios siempre sale al encuentro con su pueblo.