¿Son las hermandades a día de hoy auténticas fuentes de evangelización para sus hermanos y los que se acercan a ella? ¿Es una cofradía un buen lugar para crecer en la fe? ¿Es realmente una hermandad un lugar para compartir, aprender y crecer? ¿Son las hermandades ejemplo de amor fraterno?
Esta semana me gustaría que los cofrades nos planteáramos la actualidad de las cofradías con estas preguntas, mi respuesta la tengo clara y es que no. ¿Cuál es la tuya? Las hermandades en muchos casos se están convirtiendo en caricaturas de sí mismas donde reina la confrontación y los frentes basando todo en lo material. Hay excepciones claro, como en todo, pero cada vez es más usual encontrar hermandades en las que es imposible encontrar un hermano mayor, muchos de ellos por la presión y el desprecio al que pueden ser sometidos por los supuestos “hermanos” que no piensan como él. Y por otro lado hermandades donde la división hace que se presenten varias candidaturas que se enfrentan con rencillas como si de un partido político se tratara y con proyectos ambiciosos, pero no más trascendentes de lo material ¿Es esta división buena para las cofradías? ¿Nos hace conseguir los verdaderos objetivos?
Si somos hermanos estos casos no deberían existir, podemos pensar distinto, pero se puede trabajar todos juntos dialogando por nuestras hermandades centrados en los tres pilares fundamentales el culto, la formación y la caridad para de esta manera alejar lo efímero y lo que solo brilla por ser grandioso pero únicamente material y volver a las raíces y que las preguntas anteriormente presentadas se puedan contestar con un rotundo Sí y poder hablar de Hermandades con mayúscula





