La feria de los discretos | Páginas en blanco para escribir

La historia se escribe día a día. Atrás quedan páginas ya escritas. Más adelante hay otras en blanco que están pendientes de ser escritas. Nuestra Semana Santa tiene su historia ya escrita. Atrás quedó la que no conocimos, pero que ahí está, con más sombras que luces, pero a la que no podemos ni olvidar, ni omitir. También quedan páginas pendientes de ser trazadas. Precisamente estas, las que están escribiéndose, o por escribir, son las que nos ha tocado ser sus escribanos, y como se afirma, podemos echar un borrón, o más de uno, pues ya se sabe, que el ser humano es proclive a errar donde ya ha errado antes.

La historia pasada nos relata como era la Semana Santa del ayer. La más primigenia, sus cimas y sus simas. El decreto del obispo Trevilla, prelado denostado por unos y ensalzado por otros. Recuerdos en blanco y negro de aquella procesión oficial del Santo Entierro, que cada Viernes Santo testimoniaba la Pasión del Señor por las calles de la ciudad. También aquella Semana Mayor en sepia de la postguerra, donde al amparo del nacional-catolicismo, surgieron numerosas corporaciones, que vinieron a revitalizar la Semana Sacra por excelencia.

La configuración más clásica que recuerda nuestra memoria, nos retrata un Viernes Santo de tres cofradías. A saber, Descendimiento, Dolores y Sepulcro. Una jornada corta para una jornada grande, que tiempos atrás fue la más magna, y única, de la Semana Mayor cordobesa. Los años setenta, al amparo del aire fresco que llego a las cofradías cordobeses, la nómina se aumentó. La Expiración volvió a la jornada donde históricamente, página escrita y recuperada, se encuadraba. También la Soledad, hace ahora medio siglo, se incorporó a la jornada que tradicionalmente pone broche de oro a cada Semana Santa. Ya más cerca en el tiempo desde el extrarradio de la ciudad, llego la Conversión, cofradía que ha venido a completar una jornada, hasta la década de los setenta, pobre hasta decir basta, a pesar de ser un día con mucho peso en la Semana Santa.

La nueva carrera oficial ha traído problemas. El nuevo recorrido oficial tiene pocas salidas, o al menos, eso se esta vendiendo por parte de algunas hermandades. El caso es que el Viernes Santo esta enconado por la idiosincrasia de las decanas del día. Los Dolores toma retorno para San Jacinto por Deanes, lo que hace que hipotéticamente el Santo Sepulcro no pueda ir a la Compañía por el mismo itinerario parcial, debido al distinto ritmo en el andar de las dos cofradías.

¿Que en Córdoba se anda demasiado lento? Nihil novum sub sole. En Córdoba, salvo contadas excepciones, se anda de forma excesivamente despaciosa. La cofradía del Sepulcro es una de esas pocas cofradías que en la calle discurren de forma correcta y a un ritmo característico de una cofradía de negro. Eso hace que caminar tras la cofradía servita, sea romper ese andar solvente, y con ello la personalidad de la cofradía en la calle. Eso hace que se vea obligado a retornar por el mismo camino por donde ha ido a la Catedral, a horas tardías y viendo su discurrir emborronado por los ruidos y poca vergüenza de los clientes de los establecimientos de copas enclavados en la calle Diario de Córdoba. 

La solución se antoja complicada. El Sepulcro ha intentado ceder su puesto a los Dolores. La autoridad eclesiástica puso el grito en el cielo. Las reminiscencias del decretazo decimonónico se hicieron patentes. La historia y la tradición fueron los argumentos esgrimidos desde Palacio. El Sepulcro debe de cerrar como la tradición marca. Ahora han sido los hermanos de los Dolores, que, en Cabildo General, han desestimado adelantar el puesto de entrada en carrera oficial, hecho que permitiría al Sepulcro volver a la Compañía por donde debe de hacerlo. De nuevo la historia y la tradición ha pesado en el sentir de los hermanos de la hermandad servita.

¿Soluciones? Llegados a este punto, pocas. La tradición y la historia pesan. Solo cabe tener una mente abierta y escribir las páginas de la historia que nos tocan escribir, de la mejor manera posible. Pero ojo, sin borrones y sin torceduras. El Sepulcro debe de cerrar y los Dolores sería la Madre llorosa en su soledad la tarde del Viernes Santo, así fue y así debería de seguir siendo, pero los añadidos, o postizos artificiosos y recientes lo impiden.