La hermandad de la Sangre regresa al Císter

Será algo provisional pero que permitirá rememorar viejas estampas que se atesoran en la memoria colectiva de la Córdoba Cofrade. Debido a las labores de pintura y mantenimiento que se acometerán durante las próximas semanas en la Iglesia del Santo Ángel, las imágenes de Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el desprecio del pueblo, Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en sus misterios gozosos y dolorosos, y San Juan Evangelista recibirán culto en la iglesia de la Inmaculada Concepción del antiguo convento del Císter. Por su parte, la imagen del Santísimo Cristo de la Conversión presidirá el altar provisional para las eucaristías de los domingos en el refectorio de Capuchinos.

El monasterio del Císter en Córdoba es un edificio que se levanta este edificio en la calle Carbonell y Morand perteneciente a la orden benedictina y dedicado a la Purísima Concepción, fundado en 1725, fue sede dos décadas, desde su fundación, de la Hermandad de la Sangre que ahora habita en Capuchinos y a la que buena parte de la Córdoba Cofrade sigue denominando El Císter. Su iglesia es pequeña y con planta de nave única con crucero. La fachada de piedra se desarrolla en dos cuerpos, rematado el segundo por frontón curvo y hornacina con la imagen de la Inmaculada. Posee un interesante altar mayor de madera tallada y dorada del siglo XVIII, presidido en el ático por una obra pictórica de la virgen de la Concepción.

La iniciativa de una fundación monástica en el siglo XVII respondió a fines de orden devocional y social, el aumento del culto divino y la salvación del alma se unen al afán de prestigio social, y en los conventos femeninos, al deseo de seguridad material y moral para las mujeres de la familia. La fundación del monasterio del Císter obedeció a esas motivaciones de su tiempo y a la personalidad de su fundador, Luis Fernández de Córdoba, hijo del señor de Gualdalcázar, sacerdote como sus hermanos Fadrique y Andrés. En febrero de 1583 toma posesión como deán de la catedral de Córdoba.

En el año 1621, Francisco de Córdoba, Duque de Cesa, solicitó a su pariente don Luis Fernández de Córdoba, Obispo de Málaga cinco Monjas para fundar un Monasterio de Monjas Cistercienses Descalzas en Guadalcázar a cuatro leguas de Córdoba. La fundación se llevó a cabo siendo Obispo de Córdoba Francisco de Alarcón, con la colaboración del Ministro General del Orden Descalzo de la Santísima trinidad Fray Pedro de la Ascensión, quien fue a Málaga y se entrevistó con Francisco de Céspedes, visitador.

Las fundadoras salieron de Málaga el 17 de Septiembre de 1650;  y ya en Córdoba se hospedaron en el convento de Santa Marta, durante un mes, mientras concluían la obra de Guadalcázar; donde pasaron  el 17 de Octubre de 1650. El claustro por motivos económicos y de salubridad la comunidad de Císter tuvo que gestionar su traslado a la ciudad de Córdoba, con apenas tres años de estancia en Gualdacazar. Desde entonces su vinculación con el pueblo de Córdoba y el barrio de Capuchinos ha sido una constante inalterable.