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El Rincón de la Memoria

La imagen más insólita de la O

La fotografía que ilustra este artículo nos deja el cuerpo con escalofríos, al igual que el suceso que motivó esta instantánea dejo con el cuerpo cortado y la memoria siempre herida por un mal recuerdo para los devotos de la imagen de María Santísima de la O que el Viernes Santo de 1943 se encontraban en la calle San Jorge.

La cofradía procesionaba de vuelta alrededor de la una de la madrugada por la calle Castilla y el paso de palio se encontraba en San Jorge a la altura del Bar Manolo. En ese punto, el tranvía 180 y su remolque, el 184, de la línea de Camas arrollaron el palio de la Virgen de la O. La pesada máquina chocó con el respiradero frontal y quedaron destrozados tanto los respiraderos, el zanco de la delantera, muchos candeleros y los candelabros de cola y el juego de jarras.

La situación era caótica, los trianeros que estaban contemplando el palio salieron corriendo desconcertados. Por suerte, los treinta y seis costaleros que se encontraban bajo el manto de la talla de Castillo Lastrucci resultaron ilesos, como el resto de personas que vieron tan espeluznante suceso. Como anécdota el gran costalero y capataz de la Semana Santa de Sevilla, Salvador Dorado “El Penitente”, iba en la pata del paso donde chocó el tranvía y quedándosele atrapado un pie por el zanco.

Los cofrades de la O tardaron más de cinco horas en desmontar todas las piezas del palio. Mientras, María Santísima de la O fue envuelta en una sábana blanca con un cíngulo de nazareno tal como podemos ver en la fotografía. La imagen de este momento quedó marcada para la historia de Triana y todos los trianeros que se acercaron a acompañar a la Virgen a su templo de la calle Castilla. La devota imagen fue llevada de esta manera entre cuatro hermanos, entre ellos el hermano mayor Antonio Martín Alborch. La Policía quedó escoltándola en todo momento y en el traslado numerosos vecinos se arrodillaron al paso de la Virgen que regresaba como si fuera un traslado al sepulcro.

El conductor del tranvía, Curro, se acercó demasiado al paso no pudiendo frenar. Una imprudencia que le costó un gran disgusto y que la recordó muchos Viernes Santo siendo maniguetero de ese zanco destrozado del palio de la Virgen de la O.

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