Hace algo más de un mes, Gente de Paz compartía con sus lectores la historia de una hermandad cordobesa, tan antigua y olvidada – e incluso desconocida – como la que estuvo establecida en la hoy ruinosa Iglesia de Campo Madre de Dios, en sus comienzos bajo el nombre de Cofradía de Nuestro Señor Jesucristo. Una corporación originalmente asentada en el Convento Dominico de los Santos Mártires, según la documentación hallada y fechada en el mes de febrero de 1573. No fue hasta los últimos años del siglo XVI cuando la hermandad empieza a sumirse en una profunda crisis que la forzaría a unirse a la cofradía de San Pedro Mártir, hecho que ya se había producido para el mes de mayo de 1597.
A pesar de la sustancial modificación que esa unión supuso, la situación no mejoró tanto como cabía esperar, y la hermandad, ya conocida como de la Pasión, se ve obligada a trasladarse en el siglo XVIII al anteriormente mencionado y cercano templo de Campo Madre de Dios, entonces dirigido por los terciarios regulares de San Francisco.
Como recordábamos en anteriores publicaciones, afortunadamente, el transcurso del tiempo ha permitido conservar en esta ocasión la suficiente información como para afirmar con certeza que un gran porcentaje de los integrantes de la cofradía pertenecían al pueblo llano, destacando asimismo la considerable influencia de artesanos y mercaderes en la vida de la hermandad. Una vida, que al igual que en el caso de la primitiva cofradía del Santo Cristo de la Salud y otras tantas, se desarrollaba gracias a las limosnas aportadas y las cuotas de los miembros de la corporación, pues estas eran con mucho la principal fuente de ingresos.
Por otra parte, la llegada de la Semana Santa cordobesa no hacía que la extinguida corporación pusiese sus miras en un día concreto para su tradicional salida procesional. Lejos de ello, la Cofradía de la Pasión realizaba su estación de penitencia en la jornada del Miércoles o Jueves Santo, indistintamente, llegando a ponerse en la calle con la hoy asombrosa cifra de siete pasos presentando toda una organizada secuencia establecida del siguiente modo: la Oración en el Huerto, el Ecce Homo, Jesús Nazareno, un crucificado, María Santísima de los Dolores, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena.
Cierto es, que hasta ese punto, todo había sido puesto en conocimiento de nuestros lectores. Sin embargo, en esta ocasión, antes que centrarnos nuevamente en los pormenores de la historia y posterior desaparición de la hermandad, cabe prestar una especial atención a las distintas imágenes que componían el nutrido desfile procesional, muchas de las cuales sufrieron el atroz saqueo al que Córdoba fue sometida con la invasión francesa en 1808 causando irreparables pérdidas a la Hermandad de la Pasión, en cuya sede habían entrado dando lugar a sucesos durante los que se llevaron toda la ropa que encontraron, hasta los manteles de los altares y los vestidos de las imágenes, muchas de las que hicieron pedazos, como sucedió a la Concepción, San Diego, Santa Rosa de Viterbo, Santa Margarita y la Virgen de los Remedios, dejando completamente deshechas y también destrozadas la de los Dolores, cuatro de Jesús, San Francisco, San Luis, San Ivo y Santa Isabel, reina de Hungría.
No obstante, todo apunta aunque hubo al menos una de ella que no solo no sufrió – o no hasta el extremo – los ataques franceses, sino de la que se puede establecer su continuidad en la Córdoba cofrade. Esa antigua talla se corresponde con la que había ocupado el primero de los pasos de la Cofradía de la Pasión, siendo esta por lo tanto la que representaba a Jesús de la Oración en el Huerto.
Aunque el siglo XIX esperaba a la corporación con un nuevo revés que llegaba con la entrada en vigor del reglamento de 1820, el cual concluyó con la supresión de las procesiones de la Semana Santa de la ciudad, condenando a la Hermandad de la Pasión a un final sin alternativa y dejando a las generaciones posteriores con muchas preguntas, aparentemente sin respuesta, parece que una sí que pudo ser hallada. Teniendo en cuenta que desde las primeras décadas del siglo XIX la historia de todo aquello puedo haber tenido relación con la cofradía se ve considerablemente interrumpida, sí se tiene la certeza de que ya en el año 1954 cuando la Hermandad de la Merced consolidaba su fundación, adoptando por entonces como titular cristífero a una antigua imagen del Señor, popularmente conocida como “de los hortelanos”, haciendo referencia a su pasado en su primitiva hermandad – que durante el siglo XIX estuvo mayoritariamente representada por dicho gremio – y que tiempo atrás había recibido culto en la Iglesia del Convento de Campo Madre de Dios. La llegada de dicha imagen – cedida, según parece por la Diputación Provincial – ahora bajo la advocación de Jesús Humilde, no era otra que la talla de Jesús de la Oración en el Huerto perteneciente a la que un día fuese la Cofradía de la Pasión, motivo que explica la extraña postura que tan llamativa ha resultado al colectivo cofrade.
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