¡Tos por igual valientes!. ¡A esta es!Esta la cosa que arde en Sevilla, mi arma. Tanto que algunos parece que más que la Cuaresma están preparándose para Las Fallas… Como los malajes que quieren convertir la Basílica del Señor en la Estrella de la Muerte, no ni ná. No veas la que quieren liar con el proyectito de reforma. Conste que yo no me rasgo las vestiduras con las innovaciones, pero una cosa es hacer algo novedoso y otra muy distinta es que te dé la sensación de que se te va a sentar en el banco de al lado Chewbacca -se lee Chubaca- o Darth Vader -se lee Darveider- en cualquier momento. El diseño de nave espacial para la casa del Gran Poder parece salido de un guion del mismísimo George Lucas, que anda aburrido en los últimos años –no descarten que se haya metido a arquitecto-. Le pones en un laíto una banda de música integrada por alienígenas y te cuentan que estás en la Cantina de Chalmun y te lo crees y todo. El problema de todo esto es que cuando terminen –dice el hermano mayor que no será ya, espero sinceramente que eso signifique que no se ejecutará hasta el siglo XXII-, los únicos que no van a encajar en el decorado van a ser San Juan, la Virgen y Quien todo lo puede –que a ver si puede hacer desaparecer en algún cajón el proyecto futurista-, salvo que los vistan como a Han Solo y la añorada Leia. Un poquito de por favor, mi arma, y de sensatez. Los miembros del jurado se han pasado de frenada y de modernos. A ver si alguien con dos dedos de frente y conciencia del siglo en que estamos y de lo que tienen entre manos les hace entrar en razón.Hay un periodista en Sevilla que gusta de proteger a sus amigos -que lo son no quiera usté saber lo que se cuenta por ahí del por qué- y despedazar públicamente a sus enemigos, que los tiene y muchos. Un plumilla que gusta de contar primicias –apréciese la guasa- que escucha en las colas de los servicios de casetas de feria y atacar tras el micrófono a las cofradías cuyos jefes no le caen bien o no se pliegan a sus plegarias o exigencias. Un caballero -vuélvase a apreciar la susodicha ironía- que sienta cátedra cuando abre la boca convirtiendo en texto sagrado apreciaciones personales que no son más que eso, opiniones. El individuo reventó hace unos días un cartel en las ondas. Una actitud deleznable, vergonzosa, impropia, merecedora de muchos otros calificativos poco edificantes y todo el desprecio del resto de la profesión que calló, como siempre, mirando de manera cómplice hacia otro lado. Contar un secreto que un miserable desvela no convierte al que lo difunde en descubridor de la rueda, por más medallas que uno se quiera colgar, y mucho menos en periodista, sino en un ser tan miserable como el filtrador. Un señor no abusa de señoras (ni de señores) en la búsqueda de una canalla subida de audiencia o de un minuto de repugnante gloria. Un señor no hace daño con una mano y pide ayuda al agredido (o agredida) con la otra, con falsas y cobardes sonrisas fingidas y palabras de bienqueda. Un periodista sabe distinguir una primicia de un chismorreo de taberna (no confundir con chisporroteo) que no tiene más mérito que el soplo de quien quiere trepar hasta la cima del ultraje ni más fin que dañar a quien no es su protegido. Pero para ser consciente de ello hay que ser un señor, un caballero y un periodista no un correveidile, y eso no está al alcance de cualquiera.Que dice Juan, el rey de reyes, no sé qué de una edad de oro pero que nadie les comprende. Que no sabe por qué otros sí y ellos no, y que eso es porque hay algo raro –una mano negra ya saben-. Y que si han perdido lo que tenían es por amiguismo y por ninguna otra razón y que esa es la verdad verdadera. Eso sí de las repetidas meteduras de pata en las redes, ni mu. De posicionarse a favor de candidaturas, colaborando a su derrota, ni mu. De sus relaciones imposibles con muchas hermandades, ni mu. De repertorios que nadie quiere y de los cuales parece no saber sacar estadísticas, ni mu. De espantás maquilladas y salidas de tono, ni mu. De contratos bien pagados y jamás amortizados ni mu. De arrastrarse por los puentes, ni mu. De chotearse de compañeros ni mu. De la calidad perdida, ni mu. De la actitud prepotente, ni mu. De los enfrentamientos conocidos e indisimulados con quienes de verdad aportan arte y saben muchísimo más de esto, ni mu. De ni siquiera levantarse cuando vienen a contratarte, ni mu. Ni de esto ni de nada que suene a “en algo me habré equivocado” o “algo de culpa tendré en la ruina a la que he llevado a los míos”. Juan, querido, la única forma de volver a crecer es tragarse la chulería, coger los bártulos y marcharse a casita, dejando que otro, con más sabiduría y sobre todo con una actitud radicalmente distinta, coja las riendas para sacar del abismo lo un día fue grande… tan grande que te ha venido grande… enorme. Menos llorar como Calimero y más dejar que tu gente recupere lo que le has hecho perder, antes de que sean ellos –que no tienen culpa de nada- lo que te enseñen dónde está la puerta de la calle.¡Ahí queó!





