El Obispado de Córdoba será testigo este martes, de una rueda de prensa en la que la Hermandad Sacramental de la Merced presentará públicamente el programa de actos concebido para conmemorar el Año Jubilar mercedario, que se está desarrollando en todo el orbe católico con motivo del 800 aniversario de la fundación de la Orden de la Merced. Fue el pasado 25 de enero cuando los hermanos de la corporación del Zumbacón fueron convocados a un Cabildo Extraordinario para ser informados de los actos que la junta de gobierno de la corporación de San Antonio de Padua, que preside Antonio Ruf, ha previsto con tal fin.
Los actos, que fueron aprobados por unanimidad, están agrupados en cuatro grandes bloques: formativo, espiritual, cultural y social y serán dados a conocer en este acto público donde se desvelará el cartel para la efemérides así como el programa completo. Un nutrido calendario de cultos que ha sido aprobado por los hermanos entre los que destaca sobremanera la celebración de una eucaristía que tendrá lugar en el Centro Penitenciario de Córdoba con presencia de la dolorosa de Buiza. Sería la primera vez que la Virgen visitara a los presos en el nuevo emplazamiento del complejo penitenciario si bien no la primera en que la titular mercedaria se adentrara en la cárcel. Cabe recordar en este sentido que cuando la Fátima albergaba la Prisión Provincial, fue frecuente que la Merced acudieses a visitar a los presos con motivo de su Rosario de la Aurora. Esta decisión propiciará un acontecimiento histórico y recuperará escenas entrañables.
La orden mercedaria surgió cuando un joven mercader llamado Pedro Nolasco, nacido en un pueblo cercano a Barcelona, sintió la llamada de Dios. Cansado de contrastar las injusticias que arreciaban a su alrededor que se le antojaban intolerables, se preguntó a sí mismo qué podía hacer para atenuar tanto dolor. Consciente de estar llamado para una tarea trascendental, se adentró por un sendero encaminado a a luchar por la libertad de los cristianos en todas sus dimensiones, los que se habían alejado de la religión y, sobre todo, de aquellos que, en situación de esclavitud, estaban en peligro de perder su fe. Un camino iniciado en la madrugada del 2 de agosto de 1218, cuando se le apareciese rodeada de ángeles y de santos la Virgen de la Merced para dejarle un mensaje: «En voluntad de mi Santísimo Hijo y Mía, funda en el mundo una Orden que, en mi honor, deberá llamarse Orden de la Virgen de la Merced de la redención de cautivos. El hábito será blanco en honor a mi pureza, en el pecho llevará una cruz roja en recuerdo de mi Hijo y el escudo del Rey al que sirves». Apenas unos días después, Pedro Nolasco fundó la Orden de la Merced en el Hospital de Santa Eulalia, en Barcelona, con la participación del rey Jaime de Aragón y ante el obispo de la ciudad, Berenguer de Palou. Por la confirmación del Papa Gregorio IX, el 17 de enero de 1235, la Iglesia testificó la acción del Espíritu Santo en la fundación de la Orden. La ratificó en la práctica de la regla de san Agustín, le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como misión en el pueblo de Dios.
Nolasco interactuó en el mercado de los cautivos cristianos, privados de libertad y oprimidos en su dignidad, y se convirtió en nuevo mercader por la libertad del individuo, redimiendo a los cautivos que pudo salvar entregando a cambio sus bienes dedicando su vida esta obra máxima de misericordia. Los cautivos cristianos, conocedores de esta nueva obra, comenzaron a implorar a María pidiendo la merced, la redención y la liberación. Hoy, casi ocho siglos después, la Orden de la Merced palpita con una fuerza inusitada en un mundo en el que la privación de libertad adquiere una especial dimensión, como atestiguan todos sus miembros. Un carisma insoslayable del que hacen gala todas las corporaciones que sienten en sus entrañas, como para fundamental de su esencia, ese sentimiento de vocación singular íntimamente enraizado en idiosincrasia mercedaria.





