Apenas unos días después de que el cabildo general de hermanos de la hermandad de la Paz y Esperanza otorgase su autorización a la junta de gobierno de la corporación, que preside Enrique Aguilar, para que recaben presupuestos y proyectos con vistas a dotar a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza, la dolorosa que tallase Juan Martínez Cerrillo de la corona que luzca con motivo de su Coronación Canónica, que se prevé tenga lugar en 2020 y que se confirmase lo que era un secreto a voces, que el diseño de la nueva túnica para Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia emanará de la creatividad del artista cordobés Rafael de Rueda, al igual que ocurrió con la saya que para Nuestra Señora de la Paz y Esperanza se está ejecutando en los talleres de Jesús Rosado, la hermandad capuchina vuelve a ser noticia.
Y lo es porque acaba de emprender una campaña de recogida de oro, con vistas a recaudar las mayores cantidades posible de este noble metal con vistas a minimizar el coste en la medida de lo posible, al tiempo que lograr que “la presea que luzca sobre sus benditas sienes sea símbolo de amor y devoción a la Reina de la Paz”, a través de la participación del mayor número de devotos posible, que con su aportación quieran ser grano de arena en el oasis de devoción a la Paloma de Capuchinos sobre el que se ha de edificar este loable proyecto. De este modo, la junta de gobierno de la hermandad franciscana, ha establecido como horario de recogida los martes de 19 a 21:30, además de los días de reparto, en la casa de hermandad, habiendo previsto una papeleta a efectos de recibo por cada donativo con la imagen de la Reina de la Paz y el logotipo de la coronación que el propio Rafael de Rueda diseñara para la ocasión.
Una presea que se añadirá a las otras que forman parte del ajuar de la Reina de Capuchinos, entre las que destacan la corona de plata diseñada por Jesús de Julián y ejecutada por Emilio León, bendecida y estrenada en 2013 y la corona de plata sobredorada realizada por Manuel de los Ríos, que el 23 de enero del 77 fue impuesta en sus sienes por parte de Fray Santiago Díaz Valladares – por aquel entonces Guardián del Convento del Santo Ángel – en una jornada marcada por la masiva asistencia de devotos que quisieron arropar en tal ocasión a la Paloma de Capuchinos y que concluyó con la entrega a la hermandad, por parte de Fray Ricardo de Córdoba, del título de franciscana.





